Empezó el Bafici, después de que en 2020 hubiera que suspenderlo con todo a punto de empezar. Empezó y tiene características únicas. Como dice el lugar común: "crisis es oportunidad", en este caso de volver a las raíces de lo que fueron las primeras ediciones, cuando casi nadie sabía casi nada de las películas que formaban parte de la grilla. Sin querer hacer comparaciones odiosas, en 2002, en plena crisis, muchos se agolparon a ver las ocho horas de La Comunne, de Peter Watkins, por ejemplo, o las cinco de Spiritual Voices, de Alexander Sokurov. Y no sabíamos demasiado: solo hambre de salir de un entorno gris, triste y crítico.

Así es la grilla de este Bafici, pero primero vamos a lo importante. Es gratis. Las entradas se reservan en la web del Vivamos Cultura, del Gobierno de la Ciudad, y se habilitan 48 horas antes. Es jorobado, claro, porque si bien hay muchísimas sedes al aire libre y varios cines "tradicionales", el aforo es reducido y no hay tantas localidades. Lo que nos lleva a la segunda alternativa: el 85% de la programación queda disponible on line por 72 horas. Es decir, gente: el que no quiere ver, es porque no quiere.

Más de la mitad de la programación es nacional. Hay tantos cortos como largos. Hay focos imperdibles como el dedicado a la realizadora Penélope Spheeris. Spheeris no solo es la creadora de esa genial e icónica comedia llamada El mundo según Wayne, sino también de los mejores documentales sobre el rock y el punk en los EE.UU., realizados cuando las cosas pasaban, no después. La decadencia del imperio occidental, partes I, II y III, son una de las joyas del festival, y la propia directora tendrá una entrevista on line.

Se va a ver una película genial llamada You Don't Nomi. Es un documental sobre la obra maestra (se hace cargo el redactor de lo que dice) de Paul Verhoeven Showgirls, probablemente la película más injustamente destruida en la historia reciente del cine. Aquel filme con guión de Joe Eszterhas es desarmado en esta producción que permite ver, de paso, cómo es el universo injusto de Hollywood, cómo son sus negocios y cómo trata de disciplinar a sus mejores artistas. Hay que verla.

Hay otra película que recomendamos calurosamente aquí. Es canadiense y se llama White Lie, "mentira blanca" o "mentirita inocente", si quieren algo más aproximado al sentido. Es la historia de una chica en un campus, popular, querida por todos, con una novia hermosa, dedicada a la filantropia y que padece un cáncer. Bueno, no, en realidad no tiene cáncer, las causas benéficas son su propio bolsillo y tiene pocos días para fraguar una historia clínica. Todo lo que el mundo de hoy, con su "quedar bien" políticamente correcto, hace, está en esa película mucho menos inocente de lo que parece.

No se pierdan entre lo nacional un documental tremendo llamado Una casa sin cortinas. El objeto del filme es María Estela Martinez de Perón, Isabel Perón, o Chabela, o como quieran. No solo es la historia de una persona que estuvo donde no tenía que estar haciendo lo que no sabía cómo hacer, sino muchas otras cosas, por lo pronto una disección de cómo ha funcionado (¿ha funcionado?) una parte de la política argentina. Los entrevistados corresponden a todo el espectro posible, desde los amigos hasta los detractores, desde la izquierda hasta la derecha. La historia del busto de Isabel, de paso, es fenomenal.

Hay una película de animación, la danesa Monty and the street party, que es probablemente lo más alocado y cómico que pueden ver en esta muestra. Hay un chico que ve que sus padres se separan (mamá se va con un atleta), y que se cancela una fiesta callejera que espera cada año. Así que decide cambiarlo todo. Lo que sigue es disparate puro y duro, vértigo, humor de todo tipo. La película se puede ver con chicos, claro, lo que nos lleva a recomendar que siguan el Baficito, un evento dentro del evento.

Hablando de chicos, pocos realizadores más independiente hubo en la Argentina que Manuel García Ferré. Pues bien, hay una gran retrospectiva del creador de Hijitus, Larguirucho, Trapito, Ico y Pantriste, con las películas y bastante más. Podemos discutirle muchas cosas, no que tuviera un timing único y que fuera, en tiempos casi imposibles, un peleador por lo que consideraba una forma de arte legítima. Ese mundo todavía requiere ser rescatado.

Pero lo más interesante del asunto es que no hay seguridades. Son todas películas nuevas, novísimas, muchas de ellas inician su carrera internacional aquí. Todo o casi todo es algo a descubrir: se optó por romper con la idea de "hay que mostrar la última de Fulanito" ; puede verlo en el catálogo, totalmente on line. Va a haber mucha discusión y, como la cosa es en general presencial, también la oportunidad de discutir en persona con los demás espectadores. Para eso se hace un festival, algo que el on line todavía no tiene como suplir. Nos vemos hasta el 28 de marzo por esos lugares.

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