BERLÍN, ALEMANIA - ENVIADO ESPECIAL. En estas mismas páginas hemos sido muy duros con la Competencia Oficial de esta 69° edición del Festival Internacional de Cine de Berlín. También distinguimos lo que sucedía con otras secciones (en conjunto, mucho más interesantes) y señalamos algunas películas que resultaron particularmente destacables. En concreto tres obras del certamen oficial valen la pena, serán recordadas y escapan de la medianía o la vergüenza ajena entre las que penduló la selección. Son So Long, my son, de Wang Xiaoshuai, I was at home, but, de Angela Schanelec y Synonymes, de Navad Lapid. Y lo cierto es que el jurado presidido por Juliette Binoche otorgó premios importantes a las tres. Las nombré en ese orden por mi preferencia, pero la última es la que se llevó el Oso de Oro (el premio mayor) y la realizadora alemana el Oso de Plata por la Mejor Dirección. Inteligente manera de congeniar particularidades, emitir una señal política (como dijimos, Synonymes es muy explícita no sólo con la actualidad de Israel sino también con la de Europa) y dar el lugar que se merece a una artista muy personal y no todo lo reconocida que merecería. En el caso de la película china el premio fue doble, mejor actriz (Yong Mei) y mejor actor (Wang Jingchun).

De esta película no habíamos realizado comentario alguno porque debutó sobre el fin del festival, pero es un gran melodrama con, efectivamente, excelentes, emocionantes actuaciones. Pero no sólo eso: en 175 minutos, además de un hermoso culebrón que nos tiene siempre con los ojos húmedos, existe una mirada sobre la historia (individual y colectiva) y un juego con el tiempo que alejan la película de búsquedas más centradas en la teatralidad o de telenovelas para la gran pantalla.

Santiago Loza se llevó el Teddy por su bella y amable Breve historia del planeta verde

No es tan habitual este grado de sensibilidad y compromiso en los jurados de grandes festivales. Es claro que supieron ver lo que había que destacar y, por cierto, los demás premios fueron razonables, en tanto se evitó reconocer en modo alguno lo más impresentable de la competencia (God exists, her name is Petrunya, que el jurado ecuménico Signis no pudo dejar de premiar, siempre tan dispuesto a dejarse extorsionar por el tema de las películas). El gran premio del jurado fue para la digna Grace Ó Dieux de François Ozon (sobre el difícil tema de la pedofilia en la Iglesia católica y el silencio cómplice de su cúpula); el Alfred Bauer fue para la por momentos interesante Systemcrasher, de Nora Fingscheidt y el mejor guión para la bastante televisiva película italiana La paranza dei bambini.

El mejor corto (Oso de Oro) fue Umbra, de Florian Fischer y Johannes Krell y el segundo premio (Oso de plata) fue para el argentino Manuel Abramovich por Blue boy. Cabe destacar que esta vez la crítica coincidió con el premio mayor (también señaló a Synonymes como lo mejor de la competencia) y que en Forum, con audacia, destacó a Die kinder der toten, película austríaca producida por Ulrich Seidl y dirigida por la estadounidense Kelly Coper y el esloveno Pavol Liska.

Por último, el Teddy, que premia la mejor obra LGBT de la muestra, fue para la película más amable y amorosa del festival, la argentina Breve historia del planeta verde, de Santiago Loza, que obtuvo aplausos generales de público y crítica. Un buen Palmarés puede equilibrar y hasta, con el paso del tiempo, dejar asentado en el libro de la memoria que esta no fue una mala edición del Festival. Y esa es una de las miradas posibles. íHasta el año que viene!.