Esta edición tan anómala del Festival de Cannes estuvo marcada por la figura del presidente del jurado, Spike Lee, de principio a fin. Antes incluso de comenzar, tanto el afiche de la muestra como el enorme mural que recibe a los visitantes en la alfombra roja del Palais del Festival consistían en una foto del director de Haz lo correcto y La hora 25 (haciendo gala de su personal humor, por cierto). Debe ser difícil para un director-estrella, personaje en sí mismo además, abandonar un poco la centralidad que le es habitual, para dar el lugar y el respeto que se merecen las películas que está juzgando. Si, por ejemplo, Viggo Mortensen es capaz de ocupar el espacio previsto para presentar una película en Cannes o Toronto hablando de San Lorenzo, la gaffe del bueno de Spike en la ceremonia de cierre parece ser síntoma de la misma afección. Anunciar la Palma de Oro antes de tiempo (al principio y no al final de la ceremonia) no pasó de generar más que risas y aplausos ante el "cuelgue", pero entiendo que da cuenta de algunas otras cuestiones.

 

Es que los premios, con varios compartidos (¿para contentar a todos?), sin ser impresentables, dejaron en un lugar secundario a las dos mejores películas del festival. Drive my car, de Hamaguchi Ryusuke (mejor guión) y Memoria, de Apichatpong Weerasethakul (premio del jurado, compartido con Nadav Lapid, a cuya Ahed's knee ya referimos en estas páginas) hubieran merecido otro reconocomiento.

 

Tanto en la Palma de oro para la potente, visceral, punk Titane de Julia Ducournau (segunda mujer en recibir el mayor premio de la muestra después de Jane Campion en 1993 por La lección de piano) como en el premio a la Interpretación masculina para Caleb Landry Jones, el protagonista de Nitram, se nota la mirada de Spike Lee. El galardón para la interpretación femenina fue para Renate Reinsve la protagonista de la noruega The worst person in the world.

 

El gran premio del jurado fue también compartido, esta vez entre la algo demagógica y calculadora A hero, del iraní Asghar Farhadi, y la "revelación" de la muestra, Compartiment N° 6, de Juho Kuosmanen.

 

El premio como mejor director para Leos Carax por su Annette, que abrió el festival, parece una muestra más del cálculo o del trabajado consenso que terminó generando un palmarés comprensible pero sin mayor riesgo que el de la Palma de Oro.