Poco a poco, los productores de espectáculos están planteando cómo será el regreso al trabajo en la medida en que se vayan abriendo las actividades en todo el mundo, notablemente en Europa y los Estados Unidos. El problema es muy serio: mientras que la desocupación debida  la caída de rodajes y producciones es descripta como "catastrófica" (el término lo utilizó esta semana el sindicato de músicos de Los Angeles), las diferentes ventanas de exhibición (cines, plataformas, televisión, etcétera) se enfrentan a que, en 2021, tendrán poco material. Por ahora el problema parece lejano, dado el cuello de botella que representó el cierre de salas. Pero a esto hay que sumarle que muchas no van a volver (ni en breve ni, desgraciadamente, nunca). Tarde o temprano, el material habrá de acabarse y el parate en la producción se notará. De allí que todo el mundo esté pensando en posibilidades o alternativas.

En estos días se está desarrollando el Marché du Film de Cannes de modo virtual. Uno de los grandes temas es cómo enfrentar la coproducción futura en tiempos de Covid. Todos los productores coinciden en que habrá que convivir con el virus y que tal cosa habrá de llevar a diferentes medidas de seguridad. Pero el mayor problema consiste en las diferencias en la intervención de los estados en la producción.

En general, las películas hoy requieren la coproducción entre varios países para ser competitivas, ya que una sola productora no puede abordar los costos que se requieren actualmente. Pero como cita un artículo publicado ayer en Variety, es muy diferente el estado de los equipos en cada país. En una coproducción entre Francia, Alemania y Reino Unido, por ejemplo, los equipos de los primeros dos países tienen una cobertura de sus salarios y necesidades por parte del Estado que llega al 60%, pero los británicos no tienen una ayuda similar. Lo que genera problemas para los coproductores, que están en situaciones completamente asimétricas.

Hay países donde esto es mucho más sencillo, como Holanda, donde el Gobierno tomó acción rápidamente con la medida de subvencionar el 30% del presupuesto de toda producción que hubiera sido alcanzado por el coronavirus. Esto permitió a los productores seguir trabajando respaldados por la posibilidad de contar con ese seguro. En general, el consenso en Cannes consiste en solicitar que los gobiernos funcionen como "aseguradores" a futuro ante las posibilidades aleatorias de la producción en vista a un brote de la enfermedad. Por cierto, esto también llevará a un conservadurismo mayor en cuanto a dimensión de las producciones. Un cambio central en el universo audiovisual. 

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Leonardo Desposito

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