Los ojos de la mayoría de la prensa especializada suelen centrarse en la Competencia Oficial. Allí el espacio para los documentales es nulo (o casi; más allá de diversas mutaciones e hibridaciones entre ficción y documental). Sin embargo, en otras secciones de Cannes se multiplican (cada vez más) documentales muchas veces muy relevantes.

Cow

Uno que era esperado por gran parte de la crítica con expectación es Cow, dirigido por Andrea Arnold (El rebelde mundo de Mía, American Honey), al que se le ha dado un lugar en la nueva sección Cannes premieres. La deriva que sigue la vida de una vaca puede llamar la atención por la manera en que, sin acudir a herramientas que tiendan a "humanizar" al animal, consigue generar empatía con él. Sin embargo, toda esa construcción se desluce con un final innecesario y cruel. Podría decirse que lo que sorpresivamente cierra la película es lo que sucede en la realidad. Pero también que en el cine es el realizador quien decide qué mostrar y cómo, qué dejar fuera de campo, cómo ejecutar un plano.

Jane par Charlotte

En la misma y muy interesante sección (que ha tenido una mejor oferta que, por ejemplo, Un certain regard) también pudieron verse Jane par Charlotte, de Charlotte Gainsbourg y Val, de Ting Poo y Leo Scott. En la primera la actriz Charlotte Gainsbourg renuncia a la idea de hacer un documental que pretenda agotar la historia de vida de su madre, la modelo, cantante y actriz Jane Birkin. El acento está puesto en el difícil vínculo entre las dos (por más que las referencias a otras cuestiones, como las relaciones de la Birkin con John Barry y Serge Gainsbourg, padre de Charlotte, no sean pocas). Insular y voyeur, el documental asume que queremos saber todo sobre la íntima y complicada relación entre las dos actrices. No siempre sucede (hay momentos en que el único pretendido interés de lo dicho es quién lo dice). Así y todo hay mucho de verdad en el retrato de la vida cotidiana de una gran estrella y es interesante verificar lo diverso que se percibe el estrellato por fuera del mainstream de Hollywood.

Val

Por el contrario en Val, que se acerca a la figura de Val Kilmer, si no fuera por el idioma y porque lo conocemos, pensaríamos que la acción sucede en Córdoba antes que en California. Kilmer ha filmado (en video y super 8 primero, en digital los últimos tiempos) literalmente toda su vida. Recordar momentos como sus inicios con Super Secreto y Top Gun nos remonta a otros momentos de nuestras vidas y del cine. La vida del actor no ha sido fácil; y así como nos enteramos de su admiración por Marlon Brando también percibimos cómo impactó en su vida la muerte de su hermano, adolescente aún, ahogado en un jacuzzi por un ataque epiléptico. La actual enfermedad de Kilmer lo muestra en pantalla muy desmejorado pero sin perder un sentido del humor a toda prueba. Dada su situación, su hijo actúa la voz en off, cual "falso Val". Sin ceder a las imposiciones cronológicas, y aún cuando el costado "película de enfermedad" lleva a la película a situaciones y momentos complicados, el documental resulta ciertamente entretenido y movilizador.

The Velvet Underground

No puede decirse lo mismo de The Velvet Underground, realizada para Apple TV y que formó parte de las "Proyecciones especiales". Y ello así porque Todd Haynes siempre nos sorprende. Y aquí no porque haya demasiadas búsquedas formales o aliteraciones. Se trata de un documental ciertamente muy ortodoxo y clásico; pero el material es maravilloso. Están todos los que tienen que estar, se escuchan todas las voces y el amor por el objeto retratado se trasluce durante todo el metraje de la película, aun cuando su tono es concentrado y pretendidamente objetivo (hasta pudoroso, podría decirse).

Marinheiro das Montanhas

Por último una de las mejores películas de la edición de este año: Marinheiro das montanhas, de Karim Aïnouz (Madame Satà, La vida invisible de Eurídice Gusmao). Diario de viaje en primera persona, el realizador llega a Argelia desde Brasil, en búsqueda de sus raíces. Fotos familiares, reencuentros, olores, músicas, comidas y política se funden (y confunden) en retazos en los que por momentos reconocemos elementos de sus películas previas (de la citada La vida invisible… a la reciente Nardjes A.). La producción de la película ha estado a cargo de los hermanos Walter y Joao Moreira Salles, cuya influencia puede advertirse incluso más allá de su trabajo específico. Es imposible no pensar en la inmensa No intenso agora (dirigida por Joao en 2017) frente al modo en que se hilvanan las historias, en las que los hallazgos relacionados con la historia familiar se cruzan con viajes y eventos a uno y otro lado del Atlántico. Lo íntimo y lo político dialogan con sensibilidad e inteligencia. Una muestra más (por si hiciera falta) de lo mucho y muy bueno que está sucediendo en el mundo del documental. El lugar de esta película debería haber sido la Competencia Oficial.