Ya pueden extraerse algunas conclusiones preliminares pueden extraerse de esta muy excepcional 74° edición del Festival de Cannes. La primera es que el amor al cine puede más que los muy justificados temores que genera la actual situación. Aun cuando es necesario contar con un "pasaporte sanitario" para ingresar al Palais del Festival (que implica la pauta de vacunación completa o controles constantes cada 48 horas), la imagen de salas tan enormes llenas a tope sin ningún tipo de aforo especial es una rareza que genera tanta alegría como inquietud por más obligatorio que sea el uso de barbijos.

Distinta es la situación en torno al Marché du Film, mercado fundamental en el calendario de eventos que deciden el cine donde se compran y venden los derechos de las películas terminadas, se define la participación en distintos proyectos o se cierran coproducciones. Los espacios del Palais donde se lleva a cabo, y que otros años parecían un hormiguero, están la mayor parte del tiempo vacíos; muchos stands sin ocupar, pasillos más amplios, ausencia casi total de movimiento. El Director Ejecutivo del Marché du Film expresó en la publicación especializada Cannes Market que este año piensa que se va a contar con la presencia de 5000 profesionales físicamente presentes en Cannes, lo que constituye la mitad de los que acuden usualmente y que eso era lo esperado. La sensación recorriendo el mercado es que de la merma supera incluso ese 50%.

Así como el festival se resiste a los formatos virtuales y su esencia requiere presencialidad, en el mercado lo híbrido genera mayor aceptación. Son muchos los que participan allí de manera virtual; 700 proyecciones del mercado se realizarán en salas y otras 500 tendrán lugar a través de una plataforma especializada. De hecho, esa ha sido la única opción para los países que, como los de América Latina, se encuentran en rojo respecto del semáforo sanitario. Pero no deja de ser llamativo que incluso empresas y organizaciones europeas se hayan decidido por la participación on line. Cannes es tradicionalmente un lugar importante de encuentro de todas las instituciones cinematográficas europeas y este año, por ejemplo, la Comisión Europea (EC) no participa físicamente debido a restricciones de su staff con sede en Bruselas (sí ha organizado un programa de 12 eventos on line o híbridos).

La vitalidad demostrada por el Festival, que ha sabido ponerse en marcha más allá de los múltiples inconvenientes relacionados con el nuevo formato (a los controles sanitarios se ha sumado la necesidad de reservar on line las entradas para todas las funciones; recién ayer el sistema comenzó a funcionar de manera aceptable), también queda en evidencia por la confirmación de una muy potente y diversa selección.

Ahed's Knee

Para destacar de este comienzo, en la competencia oficial Ahed's Knee, la poderosa y desafiante última película del realizador israelí Nadav Lapid. Tras Sinónimos-Un israelí en París, estrenada en nuestro país, el director de La maestra de jardín vuelve a Israel para descargar su furia incendiaria contra lo que entiende como violencia, censura y supina maldad y estupidez del gobierno de ese estado. "Un gobierno que desprecia la cultura y odia a su pueblo" dice casi textualmente Lapid. Seguimos la deriva de un director de cine que va a presentar una película suya a la biblioteca de un pequeño pueblo. La cámara en mano se distrae por momentos, se pierde en el paisaje, como perdido parece estar el rabioso protagonista. La confrontación con la burocracia local es salvaje, catártica, inquietante.

Tout s'est passé bien

En la sección principal también presentó su última creación el prolífico director francés Francois Ozon (Bajo la arena, 8 mujeres, Frantz). Realizador difícil de encasillar, Ozon se mueve dentro de lo que puede calificarse como cine popular, pero siempre su mirada aparece desplazada, insólita, atravesada por un extrañamiento que descoloca. No es poco habitual que se acerque a "temas de moda" contemporáneos (hace poco lo hizo con los abusos a menores perpetrados por miembros de la iglesia católica en Por la gracia de Dios) y ahora aborda el ríspido tópico de la eutanasia. Claro que nada es del todo lineal en el cine de Ozon, el ánimo casi festivo del protagonista que decide acabar con su vida, el capricho de algunas tramas paralelas y el tono de comedia que recorre el metraje del film generan intriga, sorpresa y, sí, un inclasificable disfrute.

El Festival está en marcha y son muchas las películas que generan una gran expectativa. Pero más aún la genera el hecho de poder comprobar si efectivamente un evento de esta magnitud puede llevarse a cabo de manera satisfactoria y segura en las actuales circunstancias.