Sólo hay dos clases de cineastas que pueden, hoy, tomar riesgos: el novel que no tiene nada que perder, y el veterano que ya ha demostrado todo (y no tiene nada que perder). A la segunda categoría pertenece Clint Eastwood, uno de los pocos para quien no es cursi referirse como "maestro". En su tercera película sobre un caso real (después de Francotirador y Sully) narra cómo tres amigos estadounidenses, dos de ellos militares, impiden una masacre reduciendo a un terrorista en un tren europeo. El caso es real y los protagonistas del filme son los mismos tipos que vivieron el momento. Eastwood también mezcla las herramientas de la ficción para contar esa amistad y cómo detrás de una decisión fugaz hay valores que se forjan en el tiempo. Película rara, precisa, con un uso notable del espacio, toma los riesgos que pocos, hoy, pueden tomar. Un Eastwood puro, el de la acción como decisión moral.