¿Cómo debería ser la película pornográfica ideal? después de revisar cientos de filmes, autores y actores en estas páginas, uno tiene más o menos una idea respecto de cómo debería de ser la película porno que termine con todas las películas porno. El problema consiste en que nadie sería capaz de hacerla. Pero aquí vamos con la receta.

En primer lugar, tiene que ser una película. Parte del cine. De ser posible, parte del cine tradicional narrativo, más bien clásico. Lo último, porque es el tipo de estructura que más fácilmente se comunica con el público, más transparente. No implica que el cine moderno o experimental no puedan funcionar para cualquier espectador, pero en los últimos tiempos requiere algo de entrenamiento. Con el modelo clásico narrativo, no: la comunicación entre el mundo del filme y el del espectador es inmediata.

Segundo: el sexo no debe ser un aditamento, algo colocado para causar un efecto puntual (como la mayoría de los efectos especiales en las películas de gran presupuesto de hoy, dicho sea de paso) sino ocupar un lugar central temático y formal. Que cada secuencia sexual sea, además, relevante para la trama. En algunas películas porno esto ha sucedido (Taboo, por ejemplo, cuyo tema es el incesto y va generando un crescendo hasta el encuentro final madre-hijo). Pero en general la "trama" es una excusa para poner personas haciéndolo.

Tercero: debe haber un equilibrio para las secuencias sexuales y las que no lo son. Así como la parte porno debe de ser relevante para la historia, las otras secuencias también deben tener un peso importante. En el cine, cada secuencia se conecta con todo el resto, y eso es lo que hace que una obra sea consistente. Eso podría implicar menos secuencias de sexo y más breves que en una "porno" común (que suele ser, hoy, un rejunte de secuencias hardcore de entre 15 y 20 minutos en planos larguísimos que pierden efecto a los pocos segundos).

Cuarto: justamente, hay que filmar y montar las secuencias sexuales para generar suspenso. Mostrar todo, pero por el tiempo suficiente como para que el espectador desee seguir mirando. En los 70 y primeros 80 -y por eso nos referimos siempre a esa época-, esto era la regla. Se usaban cámaras cinematográficas, lo que implicaba además una logística y una economía muy precisas porque el porno siempre fue un cine de bajo presupuesto e independiente. Así es como las imágenes no duraban en pantalla más de lo necesario. Cuando apareció el video, con la posibilidad de reutilización de un material demasiado barato, esto cambió. De paso, es un buen ejemplo para utilizar cuando queremos hablar de la relación entre los cambios tecnológicos y estética (y no vale solamente para el cine o para el porno).

Un filme porno grande requiere estrellas, capital, puesta en escena y un director experimentado

Quinto: dijimos que todo el porno está compuesto por producciones independientes de bajo presupuesto. Pues bien, para poder tener una producción de calidad, planificada, bien escrita, ensayada, etcétera, hace falta una producción grande, al menos del tamaño de lo que se considera "cine independiente" a nivel global fuera del género, lo que implica un presupuesto de unos u$s5 millones. Pero eso como piso. La producción de una película con desarrollo importante es cara no sólo por la tecnología que implica sino, también y sobre todo, por los talentos que debe incluir. Las personas que saben hacer el trabajo no cobran barato, ya sean técnicos, escritores o intérpretes.

Sexto: intérpretes. Eso es capital. El cine todavía tiene como recurso de peso algo llamado "star system", aunque el auge del gran espectáculo y los efectos especiales monstruosos parecieran desmentirlo. Piensen en lo siguiente: ¿Qué sería de Los Vengadores sin Robert Downey Jr., Scarlett Johansson o Mark Ruffallo, actores y estrellas que tienen un enorme peso más allá de la serie? En la nota que le dedicamos a Marvel ayer contamos que una de las mejores estrategias fue poner grandes actores en los roles de superhéroes, convencerlos de que valía la pena. Porque el espectador los quiere y los ve como personas inaccesibles, y quiere ser ellos. Eso marca una parte de la identificación: la otra consiste en que los quiere ver hacer lo que la persona en la butaca no puede. Por eso es que una porno perfecta necesita estrellas. Necesita ese espejo ya de por sí deseado y deseable como vehículo a lo que sucede en las imágenes y lo que eso implica para los personajes.

Séptimo: un director. Un director de cine que comprenda el sexo como parte de la naturaleza humana. Los hay y son personas adultas que no creen en un cine de sensaciones puramente adolescentes. Dos ejemplos son Paul Verhoeven o Brian De Palma. Sí, claro, son veteranos, pero el sexo -explícito o no- requiere una distancia y un ejercicio de mirada cinematográfica -y de entrenamiento, de paso- que no es para nada frecuente en las nuevas generaciones. Los mencionados hicieron y vieron películas en los ´70, un cine apocalíptico en más de un sentido, crudo y, no por nada, contexto de nacimiento del porno mainstream.

Ahora bien, el gran problema para que una película así exista no es solamente que los actores no se prestarían (con los trucos digitales y los dobles de cuerpo podrían hallarse soluciones) sino que el público sería restringido. Y el cine, hoy, se hace para audiencias masivas que incluyan toda edad. Eso lo está minando y está además dejando de lado muchas historias e imágenes.¿Ejemplo? Las dos -especialmente la inane segunda parte- películas de Cincuenta sombras de Grey. El sexo es algo casi inexistente, una especie de jueguito pícaro entre adolescentes, y el romanticismo es sacarínico. Porque la cuestión era aprovechar un gran negocio de best seller sin molestar a nadie. Que haya tenido audiencias masivas y le haya "picado" la curiosidad a una audiencia pacata (más la primera que la segunda, donde el truco ya estaba al descubierto) habla de qué pasa hoy con el público cinematográfico, y también -créase o no- de una crisis educativa: la tolerancia es mínima porque se desconoce el mundo, y por eso el porno "directo" ofende.

No perdamos las esperanzas, de todos modos. Quizás en el futuro, cuando la corrección política ceda un poco en su estupidez, logremos ver una película que integre lo porno a su puesta en escena y sea genial. La receta, aquí arriba.