Un palmarés puede reivindicar o terminar de hundir una determinada edición de un festival. En este caso, los premios decididos por los varios jurados de la muestra, dialogan adecuadamente con el espíritu y la mirada del FCIU, confirmando -de alguna manera- algo de lo expresado aquí mismo en torno a la relación entre cine y política.

En lo que respecta a la competencia de largometrajes internacionales, el jurado compuesto por Elisa Barbosa, Giselle Motta y José Luis Losa reconoció con una mención especial a la rumana I do not care if we go down in history as barbarians, de Radu Jude, que rearma la memoria histórica de los fascismos en el siglo XX al tiempo que llama la atención sobre su amenazante resurgir en el presente, y a la estadounidense Catorce, de Dan Sallitt, en la que el director profundiza con hondura en sentimientos como la amistad, la pérdida y la herida del tiempo, con una sólo aparente sencillez gracias a la colosal actriz Tallie Medel.

El premio a la mejor dirección se otorgó ex-aequo a Aniara, de Hugo Lija y Pella Kagerman, y El hombre que sorprendió a todos, de Natasha Merkulova y Aleksey Chupov. So long my son, de Wang Xiaoshuai se llevó el Premio Especial del Jurado y como mejor película se reconoció a la mexicana Nuestro tiempo, de Carlos Reygadas. El potente melodrama chino (que pasó por el BAFICI y del que hablamos en nuestra cobertura de la Berlinale) también fue el más votado por el público, lo que habla de una inusual conexión entre los espectadores y los jurados y de una mirada muy específica y propia del festival y su gente.

 

Ello también puede advertirse en el máximo galardón concedido a la última y muy personal película del director de Japón y Post Tenebras Lux, que en el Festival de Venecia había sido recibida con mucho menos entusiasmo. Esta idea de no aferrarse necesariamente al canon que establecen los grandes festivales del mundo (y más allá de que en este caso se comparta la sensibilidad demostrada por nuestros vecinos) es otro dato a señalar, agradecer y festejar.

En la competencia de largometrajes iberoamericanos hubo buenas noticias para Argentina en tanto el premio a la mejor película fue para De nuevo otra vez, de Romina Paula (a quien entrevistamos en BAE Negocios  cuando el film tuvo su premier mundial en Rotterdam). La justificación del jurado para reconocer a esta obra que pone en cuestión muchos lugares comunes en torno a la maternidad merece transcribirse: “Por hacer carne un retrato genuino, valiente y tierno de un período de crisis personal, a partir de la relación de recursos documentales y ficcionales, desdibujando esos límites e interpelando al espectador de manera conmovedora”. Esta película también recibió una mención por parte de la Asociación de Críticos Cinematográficos del Uruguay (ACCU), que destacó la habilidad con que la directora amalgama recursos distintos en un todo coherente que, en forma sensible e inteligente le da un tratamiento confesional e íntimo a un discurso público y político.

Las 15 películas de la selección de la competencia de largometrajes de nuevos realizadores se acercaban a temáticas políticas y culturales que propician una reflexión del mundo contemporáneo y un pensamiento crítico. El exilio, la pobreza, los conflictos políticos y la reivindicación del papel de la mujer fueron, entre otros, los temas abordados; y todos ellos desde una mirada autoral y personal e incluso a veces arriesgada. En ese contexto el jurado realizó dos menciones especiales: la bielorrusa Cisne de Cristal, de Darya Zhuk, Bielorrusia (interesante disección del contexto cultural e histórico de la era postsoviética, que cuestiona los valores tradicionales del país y realiza una reivindicación feminista) y la china Un elefante sentado y quieto, de Hu Bo (cuya magnífica dirección atrapa al espectador en un singular universo, donde la violencia confluye con pequeños actos de resistencia, solidaridad y afecto). Como mejor película se reconoció a la brasileña Sócrates, de Alex Moratto, que logra ser cruda y sensible a un mismo tiempo, acercándose a la marginalidad de un modo que pone en crisis la religión, la moral dominante y las diferencias de clase en un contexto social de violencia y represión.

Por su parte el premio mayor de la competencia de cine de derechos humanos fue para  Soles negros, de Julien Elie. Gran reconocimiento para una película extraordinaria. Además el jurado otorgó dos menciones especiales que fueron para Gaza, de Andrew McConnel y Garry Keane (desgarrador documento sobre la vida actual en la franja de Gaza) y Los últimos hombres en Alepo, de Feras Fayyad (potente mirada a la la situación que se vive en Siria).

Los premios confirman una gran edición del FCIU. Una selección cuidada y comprometida, amable y en algún punto disruptiva. Características que pueden aparecer a primera vista como contradictorias, pero que el histórico festival que desde hace 37 años lleva adelante la Cinemateca Uruguaya sabe congeniar con elegancia, demostrando un profundo amor por la labor realizada. La selección realizada y los premios otorgados nos pueden servir como un buen mapa del cine del presente (y, posiblemente, del futuro) mientras esperamos con ansias la 38° edición de este hermoso encuentro.