¿Qué tienen en común Vladimir Nabokov, el autor de Lolita, y J.R.R. Tolkien, el creador de El Señor de los Anillos? Si pensamos en esos dos libros, nada. Pero sí tenían algo en común: los dos consideraban que el cuento de hadas era una de las más altas formas de la literatura. Don Vladimir lo dijo en su Curso de Literatura Europea; Tolkien, en ese ensayo genial llamado Sobre los cuentos de hadas. El cuento de hadas transcurre en un mundo maravilloso donde la magia es posible, tiene restricciones, justicias precisas, y todos los monstruos y las hadas que inventó la imaginación humana. Son, siempre, metáforas de sueños y terrores, y no hay ningún narrador (literario o cinematográfico) que no haya sido influido por ellos.

Dicho esto, el cine -por supuesto- ha adaptado los más famosos de esos cuentos, casi siempre en las versiones que recopilaron los hermanos Grimm en e siglo XIX. Pequeño detalle: los Grimm llamaron a su recopilación "Cuentos de la familia y el hogar" no porque fueran familiares, sino porque eran los relatos, muchos de ellos de miedo, con lo que se entretenían alrededor del hogar de leña por las noches los campesinos. Es, en realidad, una recopilación de cuentos folclóricos (eran eso: investigadores y lingüistas) y los cuentos no eran para "educar niños", sino simple entretenimiento, aunque las moralejas siempre estaban allí. 

Es decir, el cuento de hadas es, básicamente, lo mismo que el cuento fantástico o de terror. Solo es diferente en grados y que suele tener un final donde triunfa la virtud. El género, en el cine, fue definido por Disney, que no hizo tantos cuentos de hadas (en vida). Solo tres: Blancanieves, Cenicienta y La Bella Durmiente. Cada uno tiene un estilo diferente y es reflejo de su tiempo.

El primero, de 1937, hablaba del regreso de la mujer al hogar en una época -la Gran Depresión- en el que muchas familias se habían disuelto por la crisis. Blancanieves era bella, pero no sexy, y era sobre todo madre, frente a la reina, de belleza estéril.

En Cenicienta, de 1950, plena posguerra y auge del consumo en la era Eisenhower, la búsqueda era el de salir de la casa, justamente de las tareas domésticas, para ser una "princesa", aunque subordinada al hombre.

Y en La Bella..., Aurora es en realidad una excusa para la lucha entre el bien y el mal, personificado en Felipe y Maléfica, los verdaderos protagonistas de una película muy estilizada, de colores puros y basada en los tapices medievales. Nada es tan simple y todas están en Disney+.

En el otro extremo del espectro cine podríamos ubicar a Quentin Tarantino, que parece no tener nada que ver con Disney. Sin embargo, en tres de sus películas aparece el cuento de hadas como hilo rector, incluso desde el título. Esas tres películas son Bastardos sin gloria, Django sin cadenas y -imposible que fuera de otro modo- Había una vez en Hollywood.

Empecemos por Bastardos... su primer episodio se titula "érase una vez, en la Francia ocupada por los nazis", y eso nos lleva directamente al mundo del cuento de hadas. Hay personajes que se ligan directamente a la literatura juvenil: desde la huérfana rescatada por algo mágico (ni más ni menos el cine); el príncipe valiente (aquí un perfecto imbécil); el villano que simula ser una especie de Sherlock Holmes y los "bastardos", que son una chanza a los enanos de Blancanieves. ¿No creen esta interpretación? Recuerden esto: algo crucial en la película es, nada menos, encontrar un zapatito perdido y ponerlo en los pies de una "princesa" (aquí actriz de cine). Y por último, la película tiene un final de fantasía. Está en Netflix y Prime Video.

En Django sin cadenas la referencia es más lateral: se cuentan varios cuentos populares, y uno de ellos es el mito de Sigfrido y la Valquiria, Brunilda, a quien el héroe rescata de un círculo de fuego después de atravesar bosques llenos de peligros (es, de hecho, una de las fuentes de La bella durmiente). Pues bien, ni más ni menos eso hace Django con su amada, para finalmente enfrentar a traidores y villanos. Más allá de que se trate de un western y una película antirracista, lo más interesante es esa ligazón con los cuentos infantiles. En Netflix y Prime Video, también.

Y en Había una vez... llegamos al núcleo del asunto. Aquí casi todas las referencias son cinematográficas, si no todas, pero de lo que se trata es de cómo una ficción (la historia de la amistad entre Rick Dalton y Cliff Booth) se interseca y mejora -da un final feliz- a la tragedia de Sharon Tate y los crímenes del clan Manson. Hay dos elementos bien de cuento de hadas (por cierto: los títulos "había una vez" también son homenaje a Sergio Leone -y sus Había una vez en el Oeste y Había una vez en América). Uno, la princesa en la colina a la que hay que rescatar. Otro, la visita de Cliff a la "comunidad" de Manson y el encuentro con el viejo dueño que interpreta Bruce Dern. Resulta que es uno de los cuentos del ciclo del Rey Arturo, con Merlín viviendo en una torre, para siempre, con su amada Dama del Lago, Viviane. Tarantino es culto, claro que sí. La película, en HBO Max.

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