BERLÍN, ALEMANIA - ENVIADO ESPECIAL. Después de God exists, her name is Petrunya, de Teona Strugar Mitevska, a la que se hizo referencia el martes pasado, casi cualquier película puede parecer interesante y hasta buena. Sin embargo, no parece adecuado tomar como baremo un exponente tan obsceno de la explotación demagógica de la corrección política.

En este marco de lo imposible e indignante destacan las últimas películas de Agnieszka Holland (En la oscuridad), Mr. Jones; y Fatih Akin (Contra la pared, En la penumbra), The golden glove. El acercamiento a las pretendidas historias reales de Gareth Jones (periodista que contra viento y marea informó al mundo sobre las políticas de Stalin en 1933) y Fritz Honka (depravado asesino serial que cometió sus crímenes en Hamburgo en la década del 70 del siglo pasado) hace que ambas películas se miren al espejo y desnuden su esencial mentira.

Lo cierto es que el nivel de la Competencia Oficial ha continuado por caminos que van de lo anodino a lo olvidable. En ese contexto, películas menores ganan por comparación. Así, Grâce Ó Dieu, del prolífico y heterodoxo Francois Ozon (8 mujeres, Bajo la arena) resulta mucho más digna que las referidas en su exposición del caso del cura Bernard Preynat, que en 2016 fue denunciado por haber abusado sexualmente de decenas de niños desde los años 70. Ozon se corre del aspecto más escabroso del asunto y se centra en el impacto actual del pasado y del proceso de denuncia en las víctimas y sus familias.

Gran parte de las películas buscan congraciarse con el espectador a pura demagogia

Otro tanto puede decirse de la climática pero bastante fallida película del canadiense Denis Côté, Répertoire des villes disparues. Lo que comienza como un filme de duelo muta en historia de fantasmas de manera bastante caprichosa y muy avanzado el metraje. Así y todo, ese clima enrarecido, la particular mirada sobre la helada comarca de la Quebec rural y una muy inteligente composición de sonido hacen que el film sea de lo más rescatable de la competencia oficial.

El film que merece destacarse es una anomalía. Una búsqueda exigente que mira de frente una situación conflictiva (en la que subyace la resistencia de una madre frente al crecimiento de sus hijos) sin caer en golpes bajos ni intentar tranquilizar vicariamente al espectador. Poblada de momentos geniales, de ideas sobre el cine y sobre el mundo, I was at home, butà, de Angela Schanelec, es sin dudas la mejor película de la Competencia Oficial hasta ahora. Si la película de Macedonia que recordamos al principio fue recibida con risas y aplausos, en este caso fue mucho el público que abandonó la sala y sobre el final no fueron pocos los silbidos que despidieron la proyección. Ardua tarea espera a Carlo Chatrian, nuevo Director de la Berlinale, que asumirá al terminar esta edición.