Tres chicas deciden que es hora de dejar de ser vírgenes y tienen un plan para lograrlo en su fiesta de graduación. Los padres se enteran y harán lo imposible por impedirlo. Lo que podría ser apenas una versión femenina de las comedias "de despertar sexual" de los ochenta se transforma, por obra y gracia de la directora Kay Cannon, en una obra inteligente que, sin desdeñar el humor incluso absurdo o disparatado, logra que el espectador comprenda a sus personajes. Esta empatía bien entendida se transforma, en varias secuencias, en una ternura absoluta. Y de paso, se trata de una crítica a las diferencias entre los discursos falsamente permisivos y las actitudes temerosamente represivas. Pequeña sorpresa.