Mientras sigue batiendo récords en plataformas de streaming, el rapero canadiense Drake se enfrenta a una situación inédita en el mundo del negocio musical. Su reciente álbum Scorpion es el último del contrato que tiene con el sello independiente Young Money/Cash Money, que distribuye Universal. Lo deja, pues, en condiciones de negociar un nuevo contrato con quien lo desee, es decir como un agente libre. Pero es, además, uno con enorme poder para sentar condiciones propias, alguien capaz de ganar hasta u$ 20 millones por cada álbum. Es decir, una presa codiciada por todos los players del negocio.

Según Variety, hay tres tipos de contratos que puede firmar hoy: de exclusividad con un proveedor de streaming, con uno de los grandes conglomerados musicales bajo un anticipo gigante, o en un paquete con recitales. Todos son tentadores pero es interesante cada uno para ver cómo se mueve hoy este negocio, alguna vez herido por la piratería y hoy resurgente.

Firmar con, por ejemplo Spotify o Apple Music permite que se lleve una ganancia muy grande, de hasta el 70%, porque tal es el nivel de streaming de sus temas que el proveedor también gana mucho. Pero tiene dos contras: todavía la radio es el principal medio de promoción de la música, y dejan de lado a quienes tienen exclusividades con los servicios de streaming. Es decir, carecerá de promoción suficiente. Firmar con una discográfica grande implica un adelanto muy importante por una serie de álbumes (se calculan unos u$ 100 a 150 millones para su caso) y tendría una promoción gigante, pero si un álbum fracasa es difícil recortar del adelanto y se hace cuesta arriba seguir recaudando. El paquete de conciertos tiene su lógica: Drake recauda para sí´poco más de un millón de dólares por concierto y es consistente en los tours, lo que hace que un adelanto grande pueda recortarse rápidamente. Pero el monitoreo de las cifras es difícil, incluso si el del concierto en vivo es el negocio más dinámico de la música, el que suple con creces la decayente venta de álbumes físicos.

Pero lo importante consiste en que es un ejemplo de cómo hoy todo depende mucho más del contenido y su calidad que de las restricciones que imponen los dueños de la industria. El detalle de que la radio aún funciona como promoción es transitorio en la medida en que el streaming pase a ser el estándar completo de la música. Es probable que el poder en este asunto recaiga finalmente en el artista. Es solo cuestión de tiempo.