El pasado fin de semana en los Estados Unidos sucedió algo divertido. La película que llegó al tope de las recaudaciones -en un parque cinematográfico extremadamente restringido- volvió a ese lugar 23 años después de la última vez que apareció en salas y cuarenta después de su estreno. En efecto, El Imperio Contraataca, primera secuela de la multimillonaria Star Wars, restrenada en 485 pantallas -muchas, autocines- en su país de origen, lideró los ingresos con u$ 175.000 en tres días. Sí, es poco, pero resulta impresionante si tenemos en cuenta las condiciones del restreno y que gran parte del universo ya conoce la película.

En las útimas semanas, no ha sido el único "relanzamiento clásico" que han visto las salas estadounidenses. También funcionaron (y muy bien) recuperaciones como la de Tibuón (1975); Los Cazafantasmas (1984); y Jurassic Park (1993). Todas estas películas lograron ganar más de medio millón de dólares en lanzamientos de menos de 500 salas (ínfimos para el tamaño estadounidense). Seguramente la tendencia seguirá en la medida en que se requieran grandes espectáculos ya conocidos para llenar los cines.

Porque tal es la cuestión: muchas salas están abiertas o intentan abrir, pero no hay estrenos que "sumen" a los grandes complejos. Las razones son varias. La primera, el enorme gasto necesario en marketing para instalar cada película es inútil si, luego, hay que postergar estrenos (es lo que seguramente, según los analistas, suceda con el tanque de Christopher Nolan Tenet, que ya sufrió dos retrasos y parece ir a por el tercero). La segunda: la exhibición está muy sesgada a la existencia de tanques familiares, grandes espectáculos todo público que traccionan (cuando no, subsidian) al resto de las películas. La tercera: las restauraciones digitales de estos filmes tienen bastante atractivo para quienes no los vieron en sus condiciones originales. Son los "tanques disponibles" y el tipo de películas que el público contemporáneo está dispuesto a pagar por ver. En gran medida, es la consecuencia de cómo se reconfiguró el público alrededor del negocio del "tentpole", la gran película de enorme presupuesto, sin controversias, que apela al común denominador -y vende mucho merchandising- que "sostiene la carpa" del negocio cinematográfico. En este período excepcional queda claro que ese modelo hace agua ante las emergencias.

Así las cosas, existe otro efecto: qué sucederá cuando vuelvan los cines -algo que sucederá tarde o temprano. En primer lugar, habrá una sobre oferta inicial de tanques porque los estudios requieren recaudar rápidamente lo (muchísimo) que han gastado en desarrollarlos. Lo que implica que, en pocas semanas, se verán Mujer Maravilla 1984, No time to die (el último James Bond), Black Widow (lo más reciente de Marvel), Mulan, Soul (la nueva película de Pixar) y varios títulos de gran público más, que solían estrenarse con más espacio.

A lo que seguirá la sequía: dado que no se ha podido filmar (recién en estos días Reino Unido habilitó rodajes para películas de gran presupuesto), faltarán "tanques" para el próximo año. En resumen, el regreso de ciertos éxitos a la pantalla grande podría ser un paliativo interesante e incluso un aliciente para re-crear un tipo de público que parecía desaparecido.

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