La revista Variety -socia desde siempre de Cannes- está contenta con el resultado del Marché International du Film de este año, ese evento en el que los productores de todo el mundo buscan financiación para sus proyectos. Lo interesante es que, como se adivinará, el mercado se desarrolló enteramente on line. Es decir, se proyectaron películas y trailers o material del proyecto a compradores de todo el mundo en un par de plataformas digitales ad hoc. La Croisette, el tradicional palacio del Festival, estuvo -pandemia mediante- vacío. Pero la buena noticia (veremos hasta qué punto es "buena") es que la cifra de negocios cerrados fue un poco superior a lo estimado, según los organizadores. El número, de todos modos, no fue publicado.

Las que "lo lograron" fueron las películas de alto perfil. El proyecto Ferrari, por ejemplo, dirigido por Michael Mann (Miami Vice, Colateral) y protagonizado por Hugh Jackman se vendió en medio mundo. Es cierto: no se ha filmado nada aún. Porque el asunto es este: en Cannes se presentan los proyectos terminados, por terminar o por empezar. Inversores y distribuidores acercan dinero a las producciones que les parecen más prometedoras a cambio de parte de la recaudación (los inversores) o de los derechos de exhibición en ciertos territorios (o, incluso, en el caso de las plataformas, de incorporación en sus bases). Con esos dineros se comienza a filmar. Las producciones hoy son tan caras que requieren de mucha gente poniendo dinero y figurando como productores (¿se entiende por qué tantos "logos" al comienzo de cada película?), salvo que sean tanques en los que un estudio grande pone todo (poca coproducción en Marvel/ Disney, pero siempre hay algún actor más, por ejemplo). 

Dicho esto: las películas que más vendieron fueron las de altísimo perfil. El thriller de acción con Nick Jonas y Laurence Fishburne The Blacksmith, o el drama Armageddon Time, protagonizado por Oscar Isaac, Robert DeNiro, Cate Blanchett y Donald Sutherland. La queja consistió en que, qué lástima, hubo pocas películas "de arte y ensayo", o "independientes" a la venta, aunque sí algunas de directores consagrados como Verano del 85 (título provisorio) de François Ozon.

¿Qué pasa? Es simple: el mercado funcionó porque todos creen que en algún momento los cines reabrirán y habrá que tener qué exhibir. En general, Cannes es donde se consigue el dinero para comenzar el rodaje ni bien se terminan las negociaciones, algo que hoy es bastante poco probable. Pero todos creen, también, que solo habrá espacio para las películas grandes, dado que el mercado va a retraerse. Resultado: hubo negocio pero para los de siempre, y muy poco para las voces nuevas o innovadoras. El futuro no es negro, pero tampoco se aleja mucho del gris más oscuro.

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