El pasado fue el domingo del Super Bowl, la final del campeonato de football americano de EE.UU. (bueno, es casi el único país donde se juega ese deporte). No es sólo un evento deportivo sino que, desde hace por lo menos tres décadas, es un evento publicitario que abre la temporada para el consumo masivo tanto de productos como de entretenimiento, especialmente películas. Este año se mostraron publicidades de varios filmes de altísimo presupuesto o con muchas posibilidades como fenómenos de culto. Entre ellas: Avengers: Endgame, Capitana Marvel, Us (la nueva película de Jordan Peele, el sorprendente autor de ¡Huye!), Hobbs & Shaw (extravagancia de acción protagonizada por Dwayne Johnson y Jason Statham retomando sus roles de la saga Rápidos y furiosos); la animada Wonder Park; la próxima a estrenarse Alita: Battle Angel (adaptación de un clásico del animé producida por James Cameron y dirigida por Robert Rodríguez); el filme de terror de Guillermo del Toro Scary Stories to tell in the dark; y Toy Story 4, además de series de SVOD como The Handmaids Tale y la nueva versión de Dimensión Desconocida.

Por cada una de estas publicidades, se pagó un promedio de u$s5,2 millones. Y aquí es donde empiezan las curiosidades. Es la primera vez que el precio promedio no tiene un crecimiento interanual de u$s200.000, algo que se verifica desde 2008. Fue la emisión con menor audiencia (aproximadamente 104 millones de espectadores dentro de Estados Unidos) y continúa un declive de alrededor del 5% interanual, verificado desde que en 2015 el evento tuvo su último récord (114 millones de televidentes). Tuvo, eso sí, más espectadores en dispositivos móviles (110 millones, aproximadamente) que en la televisión. Pero creció -sin números, sólo se consigna el dato- en público internacional.

Lo más interesante es que la perspectiva de ver escenas de películas cuyo estreno es altamente esperado por el público masivo generó público para el Super Bowl, cuando solía suceder a la inversa, que el evento deportivo permitía dar a conocer las producciones por un público enorme. El problema es simple -y el dato del acceso desde dispositivos móviles es clave-: lo que cae es el público televisivo. Por eso es que la cifra de acceso desde dispositivos móviles es similar o superior a la de las pantallas tradicionales. La mayor parte de los espectadores ven el evento por fuera del broadcast tradicional. Y en muchos casos, lo hacen sólo para ver un adelanto de las películas o series que más esperan (la conversación en Twitter sobre el pequeño trailer de Avengers: Endgame fue trending topic global por encima de hash como "SuperBowl", por ejemplo). La dinámica entre grandes eventos televisivos y la sinergia con otros productos audiovisuales es poco clara hoy, y es evidente el declive del broadcast tradicional.

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