Seguramente esta semana lea mucho del "cine de los setenta" por el estreno de Guasón, la película de Todd Phillips sobre el villano de Batman. De hecho, el propio director contó que en la pre producción de la película tuvo mucha intervención Martin Scorsese, a quien de hecho le ofreció ser productor efectivo del filme. No sucedió por cuestiones de tiempo y compromisos, pero Scorsese leyó el guión y recomendó a varios colaboradores que trabajaron con él en la creación del look agresivo y opresivo de la Ciudad Gótica de la película, totalmente rodada en Nueva York -la Nueva York que fue escenario de Taxi Driver o El Rey de la comedia, las dos películas sobre las que se basa Guasón casi con reverencia. No es una película de superhéroes aunque conecte con ese mundo, sino un drama muy denso.

La derrota de Vietnam y la caída de Nixon por el Watergate permitieron que EE.UU. cuestionase todos sus valores

Pero volvamos a los setenta: fue la década en la que el desconcierto estadounidense tras la derrota de Vietnam y la caída de Nixon enfrentaron a la vieja idea de un "mundo ideal y feliz" con su contracara. Y eso fue lo que permitió no solo la legalización del porno (del que siempre hablamos en esta columna) sino también que la violencia directa, explícita, política en más de un sentido, ingresara al cine más comercial. Especialmente, la violencia urbana escondida debajo de la "normalidad". Taxi Driver es un ejemplo, también Contacto en Francia, La Conversación, Rocky, Harry el Sucio, Halloween, Tarde de perros y un largo etcétera mostraban cómo estallaba esa violencia. También había películas donde, a pesar de la sangre, se colaba cierto optimismo, como el primer gran éxito de Steven Spielberg Tiburón. Y otras donde no había refugio ni en el hogar, como Carrie, de Brian DePalma. Todo esto se cuenta bien en muchos textos que hoy son canónicos, incluso la influencia que el cine europeo -y especialmente la Nouvelle Vague- tuvo en todos estos realizadores. Pero lo que la historia oficial del cine suele dejar de lado es qué sucedía al mismo tiempo en ese "otro" cine, menos caro, más popular, menos glamoroso. Porque todas las películas mencionadas arriba eran producciones importantes con un estudio grande detrás, aún las que se realizaban con presupuestos más chicos. Pero pocos hablan de los filmes de New World Pictures o las producciones de Roger Corman (donde, de paso, debutaron muchos de los realizadores de las anteriores más señores como Jonathan Demme, Joe Dante, Ron Howard o James Cameron). O de otros productores menos conocidos que se instalaron rápidamente en la débil frontera entre la pura explotación del bajo instinto (el porno) y cierto deseo de trascenderlo con una declaración fuerte sobre el mundo contemporáneo. Películas, por ejemplo, como Pets.

Pets (que el bromista pequeño no incluya otra "e" en esa palabra), o "mascotas" según la traducción literal al castellano, se filmó en los Estados Unidos en 1973 y tuvo estreno en 1974. La dirigió el alemán Raphael Nussbaum, que había realizado un par de películas interesantes en los sesenta con poco presupuesto, Comando Sinaí -sobre la Guerra de los Seis Días, en Israel-, y El hombre invisible, una película de ciencia ficción de 1963 que influyó bastante en Hollow Man, de Paul Verhoeven. Luego haría una versión soft-porno de Don Quijote (con números musicales, porque aprovechaba el éxito de la comedia El hombre de La Mancha) y la violenta W.A.R: Woman Against Rape, sobre un grupo de víctimas de un violador serial que, cuando el tipo sale libre por la calle (Frank Stallone, el hermano de Sylvester, de paso), salen a hacer justicia por propia mano y que es un gran ejemplo de la efectividad de la Clase B. Pero Pets es su película más importante. La historia es la de un señor bastante perverso que tiene un montón de chicas encerradas como una especie de mascotas. Una de ellas es su hermana, interpretada por la estrella de la clase B Candice Rialson, que tuvo una carrera bastante larga en las películas de explotación de la New World Pictures (o sea, Roger Corman, todos de pie). Su personaje es una rubia un poco inocente que pasa por una serie cada vez más extraña de situaciones abusivas: desde ser la compañera de una mujer que quiere cometer un secuestro, hasta convertirse en la modelo de una artista lesbiana que además desea abusar de ella. De hecho, todos los personajes de la película intentan abusar de ella, hasta que al final es capturada por un señor que tiene un montón de mujeres jóvenes enjauladas como mascotas. Pero todo esto está muy bien filmado y narrado y, sorpresa, está basado en una obra de teatro que, inspirada en las obras de Sade- Sade, digamos de paso, era un enorme moralista que entendía la noción de "escándalo" como algo que sacudía la moral media y que descubría, sobre todo, sus abusos. Basta con leerlo en lugar de pensar que se trataba de un monstruo o algo así, aunque sus escritos tengan tendencia a la obscenidad. Dicho esto, sí, la película es "sádica" en ese sentido. El sexo juega un lugar fundamental como metáfora de las inclinaciones primarias de los personajes contrapuestas a la necesidad de libertad y de experiencia de la protagonista. No se trata de una película pornográfica (hay varias secuencias de sexo y desnudos pero no hay nada explícito en ninguna parte) y Nussbaum filma a su estrella de tal modo que el espectador siempre siente hacia ella atracción erótica y deseo de protección. Ese lazo es el que logra que incluso lo más surreal o absurdo de la película se vea como algo extraño e incluso peligroso en lugar de que nos riamos de eso.

Incluso si películas como Pets son en realidad denuncias de los abusos contra las mujeres, hoy no se podrían filmar

Pets (disponible gratis en Eroticage.net) es una película bien "de los setenta", donde no había ningún miedo ni a la represión acartonada del Estado ni de la represión acartonada de la corrección política (volviendo a Joker, ¿vieron que hubo quien protestó porque es el retrato de alguien que se vuelve un asesino, como si fuéramos imbéciles incapaces de diferenciar realidad de ficción?). Hoy muchas de sus secuencias (el intento de seducción de la artista, el secuestro violento, el tratamiento de las mujeres literalmente como animales) que nadie querría filmar por miedo a las reacciones, incluso si se muestran para condenar esos comportamientos. Los setenta fueron, probablemente, los últimos años realmente libres del cine. Esta es de esas películas que permiten comprenderlo.

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