No es sencillo, mis amigos, hacer esta columna todos los jueves. No es que falte material pornográfico -más bien sobreabunda y es difícil elegir-, sino que faltan películas pornográficas, verdaderas películas. Y dado que el porno se reduce a mostrar variantes de la cópula entre X participantes (siendo X mayor o igual que 1 y de allí para arriba hasta que quepa en el fotograma o en la edición), es complicado hallar algo original. Requiere la paciencia del arqueólogo y a veces uno encuentra algo que despierta ideas, que permite recomendar más allá de la simple exposición genital que el género obliga.

Esta semana andamos más bien pobres, sepan disculpar. Salvo por un pequeño asunto que me llamó la atención cuando traté de encontrar alguna película más o menos reciente de la que valiera la pena hablar. No voy a relatarles toda la búsqueda vía Google, pero llegué al sitio AdultEmpire. Lo conocía, pero nunca le había prestado atención. En fin, la cosa es que quería ver de qué trataba una película que figura entre las más consumidas (comprada, alquiladas o bajadas on line) de los últimos años. Se llama Curse Eternal -Maldición eterna y no, no adapta a Manuel Puig- y es de 2005. El plot: una arqueóloga en Egipto, accidentalmente, libera a una especie de espíritu o momia o algo (de todos modos, dado el espectacular físico que tiene, bien conservada para tener 3.000 años, lo que demuestra la inmensa capacidad de los embalsamadores egipcios) cuya lujuria es insaciable y se libera en busca de presas eróticas de cualquier género para disfrutar con otro espíritu -masculino en este caso- al que está unida. Algo parecido a la versión de La Momia de Stephen Sommers, pero si esa era una (gran, hermosa, perfecta) comedia de aventuras para la familia, esta no debería ser vista por niños. Aunque, seamos sinceros, sin cierto espíritu de juego infantil la trama no resistiría el menor análisis.

Cada vez son más las empresas importantes del audiovisual que optan por desarrollar contenido breve

La película es "linda" en el sentido en que puede ser linda la pornografía: buen diseño de producción y decorados, paisajes bellos, cuerpos canónicos bastante artificiales (hablando de "infantil": ¿los cuerpos de la pornografía industrial no tienen el mismo grado de falsedad que los dibujos animados, voto a Jessica Rabbit?) y maquillaje a rolete. También montaje, sonido y diseño de producción profesionales. Se deja ver, pero pasa como con toda película que incluya pornografía -y es el mayor defecto del género-: el coito prolongado disuelve la historia. Y sí, vemos a esa señorita realizando una fellatio mientras una colega se aplica a regalarle a la vez un cunnilingus y olvidamos que la primera es una de las hermanas BrontÙ, el cabellero, un avatar de Dickens y la regalona, la hermanita menor del trío de escritoras, por decir algo. Son tres cuerpos en acción y a la lona: no nos importa demasiado cómo llegaron a tales acrobacias ni quiénes son más allá del movimiento lúbrico. Después se ve, o no.

Bueno, hete aquí que esta columna trata hoy sobre ese "o no". ¿Cómo ver Curse Eternal? Bueno, simplemente se ingresa a la página de Adult Empire y se compra el DVD. O bien se paga y se obtiene el streaming del filme. Salvo que no nos interesen demasiado las aventuras eróticas entre jeroglíficos, en cuyo caso, un amplio menú nos permite optar por ver la secuencia que más nos interese y alquilar solo esa secuencia. Nos las describen e incluso nos presentan una serie de nueve fotografías de cada una como para que nos hagamos una idea de qué sucede en ellas. Hay nueve secuencias para elegir y cada una incluye alguna variante diferente de la oferta porno. La película completa dura dos horas, treinta y cuatro minutos y, a decir verdad, es demasiado para verla completa de una sentada (o acostada, no vamos aquí a juzgar la posición del cuerpo al ver cine XXX). Lo que este sistema de venta pone en negro sobre blanco es que sí, bueno, no vemos porno más que para excitarnos como aditamento de la actividad en pareja o individual. Cuando se termina nuestra necesidad, se apaga la tele. Es el único cine que funciona (en este sentido es completamente interactivo) de este modo.

Ahora bien, ¿Qué implica este modo de comercialización? Siempre decimos que el porno, porque no tiene nada que perder y quienes lo siguen son capaces de correr riesgos cegados por la lujuria (algo así...), es el lugar donde se prueban tecnologías digitales y no tanto, que luego pasarán al universo mainstream. Sin el porno, no habría Netflix, Spotify ni, mucho más central, home banking (casi todos los sistemas de securización bancaria nacieron para el porno). Así que no es descabellado especular respecto de qué significa esto de vender porno de a cachos.

Hoy la oferta de entretenimiento digital es creciente y recientes encuestas dicen que lo que más crece es el contenido breve. Grandes empresas del audiovisual (DreamWorks, por ejemplo; Disney, por ejemplo) tienen pensado invertir en contenidos breves, de no más de una decena de minutos, en general, menos. No es nuevo: en el período clásico del cine, el cartoon era muchas veces más popular que las películas, y solo duraban siete minutos (lo que cabía en un rollo de película, como estándar). Pero el universo digital, el auge de los dispositivos móviles (más de la mitad del tráfico audiovisual pasa por ellos) y una cultura del fragmento que comenzó a delinearse en los años setenta -y estalló en los 80 con el videoclip- hacen que seamos, cada vez más, proclives a ver cosas breves y bien precisas. Los clips porno, que constituyen el principal sostén de la industria desde la aparición de Internet, es un perfecto campo de experimentación para ver cómo crear y comercializar estos contenidos de corta duración. Y -estoy seguro- es probable que afecte la poética de la narración audiovisual.

Consideren que una película se realice -ya sucede- por bloques, y cada secuencia, aunque relacionada con el resto, es autocontenida, tiene su conflicto, escenario y desarrollo. Consideren una ausencia de montaje paralelo; consideren que cada "parte" de un gran filme pueda ser visto de modo independiente, como el episodio de una serie. Eso hace el porno hoy. Y, curiosamente, eso es la película más vista de 2018, Avengers-Infinity War. Les dejo a ustedes las conclusiones.

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