Las cosas se ponen difíciles para Disney en lo que es su negocio principal, el cine de animación. La empresa anunció que John Lasseter dejará la compañía a fin de año. El creador de Pixar y, desde la fusión con Disney, jefe de todo lo que es animación para el conglomerado, fue acusado de mala conducta sexual por varias empleadas de la empresa y desde 2017 había entrado en un "año sabático", exiliado de la luz pública. Por eso no participó de los lanzamientos de Coco y de Los Increíbles 2, las dos apuestas grandes de Pixar/Disney en 2018. Con su partida a fin de año (las condiciones de la desvinculación no se conocen), aparecen las dudas, dado que Lasseter logró redorar para las firma los blasones en este género.

Cuando Pixar pasó a ser parte de Disney, Lasseter se convirtió en el jefe de animación, un sector que con fracasos como Chicken Little y películas poco exitosas como La princesa y el sapo estaba a la deriva. Tomó en sus manos varios proyectos que parecían fuera de rumbo (La familia del futuro, Bolt, etcétera) y los transformó en éxito. Y más tarde fue la cabeza creativa del renacer de los cuentos de hadas con Enredados y Frozen, además de lograr modernizar y crear franquicias como Ralph, el demoledor. Lasseter, una de las fuerzas creativas más importantes del cine en los últimos treinta años (Toy Story fue el inicio de su carrera a la fama) hoy es mala palabra en Hollywood.

El problema es quién tomará la posta. El campo animado es uno de los más competitivos de hoy, con muchos proyectos en desarrollo y, dado que el cine se orienta cada vez más al entretenimiento familiar, lleno de franquicias que originan otros negocios, desde juguetes a contenidos para TV, textiles, etcétera. Si Disney, que además requiere seguir creando contenidos si va a competir, como anunció, desde 2019 en el también hipercompetitivo -y concentrado- campo del SVOD, necesita una cabeza como la de Lasseteer. Algo difícil de reemplazar.

Su partida además implicará una restructuración de todos los negocios adyacentes. Durante 2018, de las "marcas" que Disney ha comprado en los últimos años, solo fueron exitosas Pixar y Marvel, y está fresco el fracaso de Han Solo, la película más reciente del diletante universo Star Wars. Y si se suma que la compra de Fox, anunciada en 2017, hoy está en peligro por la oferta de Comcast por los mismos activos (y la aprobación, de paso, de la fusión AT&T-Warner), hay riesgos para la firma más concentrada del entretenimiento global.