No hay demasiado optimismo en los primeros días del año en el medio decano del show-bussiness, el estadouindense Variety. La nota central del primer día de 2019 consiste en saber si el negocio del entretenimiento estará o no blindado a la recesión que se avecina en los EE.UU. y, por consecuencia, en el mundo. Hay indicios: si el sector audiovisual en China volvió a crecer en el año que pasó, lo hizo por mucho menos de lo que se esperaba. El Gobierno estadounidense pone trabas a ese país en todos los campos, también en el entretenimiento, y eso causará un problema mayor. Sin embargo, el cine en general ha sabido no solo sobrevivir a las crisis -desde el crack de 1929 hasta el desastre de las sub-prime en 2008-, sino incluso crecer. Ir al cine es de las salidas más baratas que existen -incluso en esta Argentina golpeada por una inflación galopante y una recesión importante. Pero esta vez las cosas son un poco diferentes respecto de aquellas crisis "tradicionales".

El sector publicitario se retraerá más de lo que viene sucediendo en los últimos años

En primer lugar, la mayor parte de los grandes estudios de cine son una parte -menor- de los grandes conglomerados de medios y telcos. Warner fue adquirido por AT&T, Comcast tiene la europea Sky, Disney es Fox, etcétera. Los negocios de todos estos trusts son mucho más que la producción de audiovisual, y los estudios están atados a algo que preocupa en todo el mundo y que fue una de las discusiones centrales del último G20: el crecimiento de deuda pública y privada está llegando a lo intolerable. ¿Números? AT&T financió con una deuda de u$ 177.000 millones la compra de Warner y DirecTV; Comcast compró Sky con deuda por u$ 108.000 millones. Netflix, que hoy puede considerarse como el único "gran estudio de cine puro" de Hollywood, tomó deuda por u$ 8.000 millones y luego salió a tomar otros u$ 2.000 para desarrollar contenidos. Salvo Netflix, todas las demás tienen canales de televisión de aire y cable, pero dependen de la publicidad. En 2009, la retracción de ese mercado fue del 15%, porque es lo primero que las empresas cortan. Ahora será peor, porque además el propio negocio se retrae por el cambio constante de consumo por parte de los espectadores, que optan por VOD, SVOD o accesos gratuitos como YouTube.

¿Qué queda entonces? Que por primera vez en la historia, el cine no es el único negocio blindado a la recesión. En épocas de crisis, ante la imposibilidad de ahorrar, el público gastaba lo que tenía en espectáculos. Pero hoy ese ingreso debería financiar además la deuda de las empresas madre. Sin contar el costo creciente en producción de tanques que, si fallan, generan un enorme hueco en las finanzas de estas empresas. 2019 arrancó, para las pantallas, sin demasiadas buenas noticias.