Una de las características menos estudiadas de las dictaduras es su tendencia a la corrección política, o al menos a lo que hoy llamaríamos "corrección política". Una de las cosas que tienen en común Stalin, Mussolini y Hitler consiste en el acento colocado en la higiene física, mental y moral de sus respectivos gobernados. En general, y cualquiera que quiera revisar discursos puede hacerlo, los reaccionarios tienen ese no sé qué de querer ponerle detergente en el cerebro a las personas para que sean buenas, puras, inocentes y, sobre todo, castas, que la chanchada es solo para el matrimonio. Sé que quizás al lector más progresista tal cosa le sorprenda en la ex URSS pero, lamento desilusionarlo, así era en todo el bloque de la Cortina de Hierro para allá. En los regímenes autoritarios, de izquierda o de derecha, el sexo es siempre algo pecaminoso, malo y sucio. Por supuesto que es absolutamente perseguida y reprimida (incluso con la muerte) la homosexualidad. No vamos a herir susceptibilidades políticas aquí listando los países donde ha habido campos de "reeducación" para homosexuales por considerarse la atracción por el mismo sexo una "desviación burguesa", pero ustedes son inteligentes y saben manejar google.

La Alemania nazi, en este sentido, puede ser vista como un paradigma. No solo perseguía con saña la homosexualidad sino que condenaba con la misma saña cualquier tipo de práctica sexual que no tuviera como fin la procreación de personas puramente arias. En cierto momento de la Segunda Guerra Mundial, incluso se incentivó la poligamia (para los hombres, claro) con el fin de llenar el Reich de gente purísima. La juventud alemana, de paso, debía hacer de la castidad un culto. A los judíos, los medios de propaganda los ligaban con las violaciones, la perversión sexual y -claro, amigos, cómo no- la pornografía como modo de pervertir a los inocentes arios. El sexo era el enemigo, era el arma del enemigo. Claro que la pornografía estaba prohibida (como, de paso, en todo el mundo, pero más).

Todas las dictaduras del siglo XX han abogado por la higiene, la moral y, sobre todo, la castidad como fines sociales

Bueno, no. No tanto. O al menos no "más que en el resto del mundo". Parece ser que la aria juventud alemana -y la no tan juventud- igual tenía un organismo con sistema hormonal. También parece que los orondos jerarcas del régimen, tras las heroicas masacres a las que se dedicaban, requerían de visiones para reposo del guerrero. Pues bien, el curioso puede buscar en Internet Das Sexte Reich. Se trata de una compilación de cortos caseros, realizados en 8 o 16 mm, mudos, totalmente pornográficos, creados bajo el régimen de Adolf Hitler y sus acólitos, para solaz de los máximos dirigentes del Partido Nacional Socialista de los Trabajadores Alemanes. Es muchísimo más interesante que excitante por lo que muestra y por el desfase que hay entre el discurso que recubre la realidad y la realidad en sí.

Como dijimos, son cortos, no más de cinco minutos cada uno, en algún caso se acerca a los diez minutos. Hay edición, es decir que no es la cámara filmando fija un acto sexual casual: la cámara y la moviola van construyendo un primitivo relato. La primera cosa que llama la atención es que no hay sadismo (eso que está tan asociado en cierto fetichismo a la iconografía nazi de cueros y tachas) sino situaciones comunes. La segunda característica es que casi todos los cortos empiezan o incluyen momentos de lesbianismo.

Lo tercero que nos sorprende es lo desdramatizado que está todo. No hay expresiones exageradas de placer, no hay punitivismo de ninguna clase, no hay nada que pueda hacernos creer que estos cortos se desarrollan bajo un régimen opresivo y dictatorial. Nada. Es todo bastante simple e incluso bucólico. ¿Razones? Se trata del reflejo idealizado de una sociedad hecho para su casta dirigente. Entonces el lector se preguntará ¿Y el lesbianismo? Y responderemos: dado que en el régimen las mujeres son cosas, podían ser utilizadas en el porno para hacer lo que la fantasía de los hombres indicaran. Y chicas con chicas debe de ser una de las fantasías más extendidas y frecuentes en la mente masculina de cualquier época.

Todo esto era ilegal, claro. Pero su existencia nos recuerda que los adinerados y poderosos pueden sortear un escollo mínimo como la ley. Y mientras esto se filmaba, morían millones en nombre de la castidad, la higiene y la moralidad aria. No hay dictadura sin corrección política. No sería bueno olvidarlo.