La semana pasada hablamos de Groundbreakers, el programa conducido por el maestro del reviente John Waters (a propósito: Waters es un gran director y uno de los mejores comediógrafos de los últimos 50 años). Se vuelve vicio y les aseguro que es una gran excusa para tener PlayboyTV. Porque las películas que pasa, la mayoría porno (algunas caben en lo erótico, o simplemente en lo -mal llamado- “bizarro”) son extraordinarias. El cine tiene una historia oficial llena de nombres gigantes y películas importantes. Pero eso es solo la punta del iceberg y la mayoría del quehacer fílmico de 120 años está sumergido. En ese enorme campo se encuentra toda clase de películas, lo que incluye a la mayor parte de la pornografía, del cine de propaganda y de la animación, todos géneros un poco o un mucho despreciados. Pero, como creía Borges respecto de la literatura, la imagen feliz y perfecta puede aparecer en cualquier lado. En el caso de los filmes que forman parte de Groundbreakers, que además son comentados con mucho humor -y datos concretos- por Waters, el grado de creatividad y locura es superior.

El director Randy Metzger distribuyó en EE.UU. mucho cine de autor europeo en los años ’60 y primeros ’70

Lo que nos lleva a una obra llamada Barbara Broadcast, de 1977. Probablemente sea lo más parecido que el cine porno estuvo de la obra de Luis Buñuel, y considerando que es un filme contemporáneo a El discreto encanto de la burguesía o El fantasma de la libertad (el segundo, amigos, se llevó el Oscar, es decir que esas películas se veían comunmente en el circuito comercial estadounidense de esos años), la comparación no me parece para nada descabellada. De hecho, podría titularse “el indiscreto encanto sexual de la burguesía” y no desentonaría con lo que se ve en pantalla. Como saben, Buñuel era un surrealista irredento, capaz de llevar hasta sus melodramas mexicanos para público masivo al más desaforado de los absurdos. Hay mucho de perversión sexual en sus películas (basta ver La edad de Oro, Él, Viridiana o, capital, Belle de Jour) para que eso quede claro. Nadie me saca de la cabeza que el realizador de Barbara Broadcast, Randy Metzger -que fi rmó con el seudónimo de Henry Paris- sabía todo esto. Después de todo, fue distribuidor de cine europeo erótico y también de varias películas de Bergman, Godard y Fellini en los años sesenta. Es decir, conocía otro mundo de primera mano.

Vamos a la película. Se articula alrededor de una conversación entre la ex prostituta, libertina y escritora de éxito Barbara Broadcast a cargo de una periodista igualmente libertina aunque quizás un poco más recatada. Sí, seguramente el lector crea que el término “articula” es un alarde de semiología, pero no: la entrevista es una excusa para entrecruzar secuencias sexuales totalmente absurdas. Muchas de estas secuencias son puro fetichismo y no están hechas para excitar a nadie sino para provocar, tienen más un peso satírico que sexual. Arranquemos por el principio: en el restaurante de un gran hotel (casi toda la película transcurre ahí), un señor pide algo del menú a una mesera. “Cómo no”, dice, se sube a la mesa, abre las piernas y el comensal le realiza un cunniligus mientras el resto del mundo come como si nada. Al finalizar, otra mesera le dice “¿desea otro?”, el hombre dice “no, solo un café y la cuenta”. El maitre del restaurante cobra a las mujeres que rompen algo con una fellatio. De hecho, hay mucho más sexo oral que penetraciones. Otra cosa rarísima consiste en que los momentos de verdadero sexo están fi lmados con delicadeza, con alternancia de planos generales, etcétera. En la última secuencia, que transcurre en una especie de discoteca, muchas veces se cruza gente frente a la cámara o parece que esta “espía” lo que hacen dos mujeres y un hombre. De algún modo, eso multiplica el efecto erótico de la película.

Pero lo interesante es que todo el sexo, en la mayor parte del filme, es una especie de reacción exagerada a diálogos totalmente absurdos y dichos con naturalidad. Todo es un montón de personas en situación lujosa que transforman la animalidad sexual en algo ordenado por ritos totalmente burgueses e incongruentes. De allí que Barbara Broadcast (que incluye, por ejemplo, a la primera porno star de más de 50 años, Cami Graham, que trabajó mucho en el género) sea algo más que una película porno.