La mayor compañía de exhibición de los Estados Unidos -y una de las más grandes del mundo- AMC, advirtió que, de no conseguir fuentes de liquidez mediante la venta de una nueva emisión de acciones, se enfrenta a una bancarrota total en los próximos meses. Ya lo había advertido la semana pasada, pero esta vez es claro: no puede sostener la operación de sus salas en un contexto donde la mayoría del negocio cinematográfico ha sido herido (en algunos lugares, de muerte) por la pandemia.

La situación en ese país es la siguiente: la mayoría de los cines, salvo en tres mercados clave (Los Angeles, Nueva York y Chicago) están abiertos. Se exhibe con distancia social, lo que implica que las salas no pueden llenarse. Además, se opera en horario restringido: a menor cantidad de público por función se suma menor cantidad de funciones. Hay algo más: la recesión hace que se cuide mucho más el gasto. Los cines no viven de las entradas sino de los extras (bebidas, snacks, etcétera). Y eso se vende menos que los tickets.

Con este panorama, Warner decidió estrenar un tanque, Tenet, de Christopher Nolan, y el resto de la industria esperó resultados para confirmar más estrenos. Fue desalentador. Aunque el filme supera en todo el mundo recaudaciones por u$ 300 millones, lo que cuenta para el recupero es el mercado estadounidense, donde apenas superó los u$ 50 millones, para un presupuesto de u$ 200 de producción y otro tanto de publicidad. Ergo: los grandes estudios postergaron estrenos en salas. Sin películas no hay público. 

Eso explica la caída de AMC. Pero el paisaje es aún peor: como recién ahora se retoma en parte la producción, van a faltar películas a futuro. Y además hay que quebrar el miedo del público a salir de sus casas (y que tengan dinero en el bolsillo para hacerlo). Por eso es que S&P bajó la calificación de crédito de AMC de CCC+ a CCC-: imagina que caerá en cesación de pago de sus obligaciones más temprano que tarde, y que revertir la actual situación llevará bastante tiempo.

AMC es solo un ejemplo. Salvo en China (donde de todos modos el 20% de las salas cerraron definitivamente en el primer semestre de este año), el panorama de la exhibición es el mismo en todo el mundo, incluso peor en algunos territorios (la Argentina, por ejemplo, que no tiene planes para el regreso del espectáculo masivo en el corto o mediano plazo). Y, mientras, los analistas esperan los números de Netflix, descontando que en el tercer trimestre superará con mucho las metas de suscriptores. La gran pregunta es si el cine sobrevivirá a su peor crisis desde 1895.

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Leonardo Desposito

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