BMI, la empresa estadounidense que maneja los derechos de reproducción de muchos artistas musicales, reportó que en el último año distribuyó entre sus representados 1.335 millones de dólares. La cifra es récord para la firma (que representa a más de un millón de artistas y gestiona los derechos de cerca de 17 millones de obras) y en sí es 102 millones de dólares superior a la que logró en 2020. También creció en número de artistas (un 11% respecto de 2020), entre ellos Benny Blanco, 5 Seconds of Summer, 808 Melo, Cam, Karol G, Rosalía, Saweetie and Steven Van Zandt. Y renovó acuerdos con artistas de catálogo más que importante como J. Cole, Danny Elfman,  Halsey, James Newton Howard, Mark Isham, Miranda Lambert, Lil Jon, Lil Nas X, Carole King, Ludacris, Ed Sheeran, Sting y otros.

La verdadera noticia consiste en que estos números son productos del enorme incremento que tuvieron desde el estallido de la pandemia los servicios de streaming musical. No es un secreto, pero las cifras pueden dar una idea precisa de cómo subió el consumo de música en tiempos de encierro y falta de entretenimiento fuera de casa. La cifra de 1.335 millones corresponde exclusivamente a royalties. Pero BMI tiene, además, contratos de distribución de música, que implican otro tipo de ingresos. En ese punto, recaudó 85 millones de dólares, lo que implica 14 más que en el año previo.

Todo indica entonces que la supervivencia de la música en tiempos inciertos se logra gracias a la existencia de los dispositivos digitales. Algo que está en consonancia con el audiovisual, por cierto: Disney, por ejemplo, ganó 1000 millones de dólares más en 2020 con Disney+ de lo que había recaudado en 2019 con tanques enormes en las pantallas. El corolario: aunque hay una fuerte presión de empresas de exhibición y de espectáculos por volver a darle impulso a lo presencial, lo más probable es que se invierta mucho más en lo digital. Hay que tener en cuenta, además, que muchos de este incremento se explica por el acuerdo de BMI con plataformas de streaming como, justamente Disney+ o HBO Max.

Lo que quiebra una tendencia de los últimos diez años. En efecto, el segundo tractor de ingresos de la industria musical lo constituían los espectáculos en vivo, a la par de la distribución digital. Esto es lo que se ve completamente transformado pero, sorprendentemente, lo que se recauda por digital y derechos compensa los shows en grandes estadios, aunque eso golpea, sobre todo, en la generación de empleos en el sector.

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Leonardo Desposito

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