Especial desde Cannes

Sea en su rol de guionista (Leonera, Carancho, Elefante blanco), sea como director (Los salvajes), Alejandro Fadel es muy conocido por estas tierras. Ya el título de su nueva obra seleccionada en la sección Un certain regard, Muere monstruo, muere, despertaba interés en la Croisette, en tanto en una selección siempre superpoblada de películas "de autor" (en una interpretación que, erróneamente, suele dejar afuera a los géneros) o de denuncia política o social, la posibilidad de ver una de terror, o una comedia, es siempre bienvenida. Con esa expectativa creada, fue divertido percibir las distintas reacciones provocadas en la audiencia por este acercamiento que si bien responde a muchos de los mandatos genéricos, los desarme y ensambla de una manera cercana al pastiche, pero que también repiensa el propio género (y el cine en general). Como veníamos advirtiendo, basta que un iluminado dispare una idea para que pronto se difunda, sin demasiado beneficio de inventario. La pretendida vinculación con La región salvaje, la mejor película del mexicano Amat Escalante, es tan pertinente como parcial y superficial. Es cierto que la división que se genera en la narración entre representación y realidad es un rasgo en común, pero también lo es que también se planteaba, entre tantas otras, en Una mujer poseída, de Andrzej Zulawski. Y, de alguna manera, en mucho del cine de posesiones o vampiros. La grandeza de Fadel está en la forma en que las distintas vertientes se relacionan, se inter-penetran (para utilizar un término más acorde a la película), se relacionan y se piensan; se ríen unas de otras, además. Personajes inolvidables, una inquietante mirada de género, un monstruo bien construido y mucho para seguir meditando y charlando tras la proyección.

De Mendoza a Tucumán, en la Quincena de los realizadores se proyectó la primera película en solitario de Agustín Toscano (que junto a Ezequiel Radusky había triunfado en la Semana de la crítica en 2013). El motoarrebatador parte de un robo, filmado con pulso y tensión, para sumergirse en la construcción de una trama en la que se construyen el cariño y la empatía entre seres que escapan de la mirada unidimensional y que buscan algún modo de escapar de la soledad. Las casas tomadas y la generación -de algún modo- de familias ciertamente extrañas parecen ser temas que interesan a un realizador al que habrá que seguir prestándole atención, como aquí lo hizo el público que llenó la sala Croisette y que dialogó con el director tras la proyección inaugural del filme.