El estreno de la última -quizás en más de un sentido- película protagonizada por Kevin Spacey tiene un lugar en la historia: el filme, titulado Billionaire Boys Club, con salida en algunas salas (incluyendo el área metropolitana de San Francisco como locación más importante) recaudó en su primer -casi seguramente único- fin de semana solo u$ 618 (seiscientos dieciocho dólares) en once pantallas.

La película cuenta además con un elenco integrado por Emma Roberts, Taron Egerton y Ansel Elgort (todos nombres de primera línea en el Hollywood de hoy), y en su primer día logró solo u$ 126 en esas once pantallas, algo así como una entrada y cuarto por cada una a los valores de estos días. El filme, además, había sido distribuido digitalmente a través de SVOD en julio, lo que también alteró sus posibilidades en el box- office. Pero este título dirigido por James Cox se vio sobre todo destrozado por las acusaciones de abuso alrededor de Spacey. Al respecto, la productora Vertical, responsable de la película, defendió en enero su decisión de estrenar la película con un texto donde se leía "Esperamos que estas terribles denuncias acerca del comportamiento de una persona -que no eran conocidas públicamente cuando realizamos este filme, hace dos años y medio, y sobre alguien que solo tiene un pequeño rol en la película- dañe su lanzamiento en salas". Esperanza fallida.

Billionaire... trata sobre el caso real de una estafa piramidal ocurrida en el Sur de California en los primeros años ochenta y del cual se beneficiaban jóvenes de clase alta, hasta que por falta de fondos culminaron cometiendo asesinatos. La película no fue maltratada por la crítica, además, que habló bien de los protagonistas (básicamente Elgort y Egerton). Pero el nombre de Spacey es, hoy, veneno para la taquilla