La crisis del negocio del cine en Estados Unidos -que es caso testigo para lo que sucede en el resto del mundo- sumó más incertidumbre en los últimos días cuando varias de las películas que ya tenían fecha de estreno volvieron a posponer su lanzamiento entre una o dos semanas, lo que lleva a un efecto dominó que posterga el resto. Ahora Tenet, filme de altísimo presupuesto y perfil dirigido por Christopher Nolan (un thriller que tiene que ver con viajes en el tiempo) pasó su lanzamiento del 17 al 31 de julio. Mujer Maravilla 1984 se movió de agosto a septiembre, además, y el corrimiento afecta a todas las películas de gran presupuesto. El caso de Tenet es especialmente importante: la postergación decidida por Warner Bros obedece a que esa diferencia de dos semanas puede indicar más cines abiertos. Pero es probable, dado lo que sucede en estos días con cierto rebote en la cantidad de casos, que incluso así los cines de Nueva York permanezcan cerrados. Y se trata de una de las plazas más importantes, junto con Los Angeles, la que más dinero recauda.

Pero el problema es mucho mayor. Las películas de gran presupuesto no compiten entre sí. Los estudios discuten las fechas de lanzamiento justamente para que eso no suceda, y que cada estreno goce de dos fines de semana casi exclusivos con gran cantidad de salas. La inflación de costos, que requiere un recupero rápido (es decir, con la recaudación del mercado local) implica tal saturación. Los estudios producen para un año completo. Y nunca sucedió algo como esta pandemia, que cierra los cines (en la Segunda Guerra Mundial, incluso en Los Angeles durante las semanas posteriores a Pearl Harbor, hubo récord de asistencia a las salas). Los productores requieren que las películas se estrenen, pero quedan pocas semanas para la exclusividad. Sin contar con que la temporada "alta" (es decir, la del verano boreal) quedó en el olvido. Por otro lado, las nuevas normas de bioseguridad en las que van a trabajar los cines una vez que abran impedirán que las salas "se llenen" completamente. Para conseguir la misma cantidad de público, se requieren más pantallas y más funciones de la misma película. Consecuencia: menos espacio para el resto.

Así las cosas, todos los estudios están replanteando estrategias no solo nacionales sino también internacionales. El problema es que todo es demasiado dinámico y lo que sucede en EE.UU. no es lo mismo que lo que pasa en Argentina, Italia, Japón o -crucial- China, un mercado donde las películas de Hollywood sacan gran diferencia y cuyo tamaño se contrajo en más de 4.000 cines de modo irrecuperable en el corto o mediano plazo. Por ahora, Hollywood es solo anuncios y el cine sigue en terapia intensiva.

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