¿Qué sabe usted de la filmografía austriaca? Probablemente -si es un cinéfilo más o menos enterado- pueda citar, entre los nombres más recientes del cine de ese país, a Michael Haneke (que de todos modos filma mucho en Francia). O, si tiene más enciclopedismo en la cabeza, pueda recordar que muchos de los grandes nombres del Hollywood clásico provenían del Imperio Austro-Húngaro, o de lo que quedó de él después de su destrucción durante la Primera Guerra Mundial. Quizás recuerde a Lubitsch, o a Ophuls, o incluso a Billy Wilder o Fred Zinneman. Pero, repito: ¿qué sabe del cine austriaco? En general sabemos poco y nada, y sus nombres se mezclan, en la turbulenta primera mitad del siglo XX, con los alemanes. Viena fue una capital decadente, explosiva y cinéfila, sin ninguna duda, y muchos de los comportamientos modernos respecto de las artes y del sexo -hace algunas semanas lo vimos cuando hablamos de Arthur Schnitzler, pero le recomendamos leer a Lernet-Holenia, un gran escritor galante y fantástico al mismo tiempo- provienen de ese lugar y de esos años. Sería muy largo explicarlo aquí, pero en ese tiempo, cuando el mundo tradicional se disolvía en el hedonismo y el materialismo, comenzaron a forjarse muchas de nuestras actitudes sociales de hoy. Desde cierta liberalidad genital hasta -sí- la idea de buscar un enemigo acérrimo y cerrarnos a destruirlo. Esos años prohijaron cosas tan antitéticas como la esperanza en la Revolución y el nazismo, ambas producto de un mismo estado emocional.

Pero esta es una columna cachonda y no aquella en la que un intelectual se dedica a la teoría sobre la sociedad. Primero, porque no la escribe un intelectual. Y segundo, porque la teoría sobre la sociedad bien se puede hacer de contrabando. Ver algún producto de ella y tratar de deducir un poco cómo eran quienes lo consumían, qué pensaban; qué pensaban, sobre todo, por qué elegían eso y no otra cosa. Pues bien: en nuestro sitio favorito, ese que venimos analizando desde hace meses, Eroticage.net, aparece una colección llamada Saturn Filme y que todo curioso por el cine y el estado de sus cosas debería ver. Saturn era una productora de principios de siglo, fundada por un señor de veinticinco años llamado Johann Schwarzer hacia 1905 o 1907 (las primeras producciones datan de la segunda fecha). Después de estudiar química y fotografía, marchó a Viena donde se transformó en retratista de niños y familias, lo que le dio un nombre dentro de ese mercado. Pero poco después dedició dedicarse a la fotografía erótica, en un campo en el que aún no había demasiados "peros" a esa clase de imágenes. Fue un éxito total y eso lo llevó a dedicarse a ese invento de poco más de diez años que quizás podía darle algo más de dinero: el cinematógrafo. Así, en 1906, decidió comenzar a filmar películas eróticas. No es que el porno no existiera: de hecho, ya lo había en casi todos los territorios donde hubiera una cámara. Pero lo que Schwarzer haría sería un poco diferente. Al principio, todo era más o menos como en cualquier lado: señores y señoritas que se quitaban la ropa e iban a ciertos cariños no aptos para menores. Pero este hombre no era un pornógrafo: no buscaba la excitación directa del espectador sino algo un poco diferente. En realidad, y esto es notable cuando se ve la colección de estas películas, es alguien que busca el encuadre que vale la pena, que trabaja la puesta en escena, que intenta comunicar algo de belleza y, sobre todo, interés en cada plano al espectador. Es el espectador, pues, quien "completa" el erotismo de la imagen.

Hasta 1911, la casa produjo una gran cantidad de cortos y largometrajes. Mucho, por cierto, se perdió -como pasa con la mayoría de las películas de aquellos tiempos, sean del país que fueren-, pero algo ha quedado y hace algunos años el Archivo Histórico del Cine de Viena produjo una selección y un libro dedicado a Saturn y a sus películas, que se convirtieron en productos exitosos a lo largo y a lo ancho de toda Europa. Pero no iba a ser todo un lecho de rosas. En 1909, el gobierno austriaco comenzó a recibir gran cantidad de quejas de sus vecinos de continente acerca de las "películas pornográficas" que salían de Viena y parecían destinadas a conquistar el mundo. A raíz de eso, y tras dos años de idas y vueltas judiciales, el gobierno de ese país decretó que las películas de Saturn no podían seguir siendo lo que eran. Así, Schwarzer dejó de producir arte erótico. En cierto sentido, este es un hecho tan importante para la historia del cine como el estreno de El Nacimiento de una Nación o, más adecuado, la instauración del Código Hays en Hollywood: es el primer movimiento de censura cinematográfica directo al sexo que un país ejerció desde el nacimiento del cinematógrafo.

Ahora bien: ¿cómo son las películas de Saturn? En todas, las mujeres están desnudas. Hay poco montaje, pero lo que Schwarzer hace en general es mantener un plano general donde entran todos los personajes. Es decir, hay distancia respecto de los cuerpos: el filme es una especie de ejercicio voyeur donde, del lado de las mujeres, hay una mezcla de inocencia (como si no supieran que allí está la cámara) y de perversión (la actuación demuestra que sí saben que está ahí y tratan de seducir imposiblemente al espectador). No hay relaciones sexuales ni sexos masculinos, sino hombres que tienen una fantasía y las imágenes que las ilustran. Es recurrente el uso de lo onírico, como si lo que se viera fuera un sueño, algo que solo ocurre cuando no estamos conscientes. Y también la decoración recargada, a veces sobre los propios cuerpos de mujer, incluso cuando deja sus zonas erógenas al descubierto. Allí también hay algo interesante: cuando se trata de desnudeces parciales, lo que el espectador quiere ver es aquello que, de todos modos, "está permitido": cuellos, brazos, pies. Eso también lleva a un enorme refinamiento, incluso a un fetichismo bastante pensado para que no hiera sensibilidades. Las películas son extraordinarias. Incluso la actuación está lejos de cierta sobregestualidad muy frecuente en los orígenes del cine. Y demuestran que el sexo y el sueño, la fantasía absoluta, son su verdadera materia prima.

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