Los exhibidores de cine de arte europeo atacaron en un comunicado al director artístico del Festival de Venecia, Alberto Barbera, porque en la muestra italiana se presentaron oficialmente y en Competencia oficial tres películas de Netflix: Roma, un drama de Alfonso Cuarón (Gravedad), The Ballad of Buster Scruggs, última producción de los hermanos Coen, y la película del realizador italiano Alessio Cremonini On My Skin. Sin contar otras exhibiciones producidas por la firma de SVOD, como la de la histórica The Other Side of the Wind, de Orson Welles (ver página siguiente). En el comunicado, la Confederación Internacional de Cines de Arte (CICAE por sus siglas en inglés) declara que la inclusión de esas películas en la competencia "favorece prácticas que ponen en peligro a un sector importantísimo de la exhibición cinematográfica", y que las películas "se realizan con un estándar alto que requiere la visión en pantalla grande".

Sólo el gran blockbuster carece de problemas para encontrar salas de exhibición

En realidad, como se reveló en estos días, las tres películas tienen asegurada la distribución en salas, aunque lo que preocupa es que la Mostra haya tomado una política diferente de la que desde este año tomó Cannes, que decidió excluir de su grilla y de la posibilidad de competir películas que no tengan asegurado el estreno en salas en territorio francés. En el caso de Venecia, Barbera adujo que no veía cómo la competencia de estas películas en la Mostra podía herir de algún modo a los cines. El problema es simple: solo los grandes blockbusters, con tecnología inmersiva y dedicadas a público amplio, carecen de problemas a la hora de la exhibición, mientras que el cine de arte está refugiándose cada vez más en el VOD y SVOD, lo que hiere al negocio de exhibición en salas de ese tipo de películas. La controversia sigue.