En un año signado por la incertidumbre, el Festival Internacional de Cine de Cannes ha apostado por concentrar la mayor cantidad de figuras posible. La disputa con Venecia (que el año pasado sí pudo realizarse) y la intención de dejar en claro su poderío seguron ha influido en la acumulación de una cantidad de obras que es materialmente imposible de ver en los pocos días de la muestra. Entre las muchas y diversas posibilidades, cada uno tiene sus preferencias, sus deseos y anticipa con ansiedad los probables puntos fuertes de esta 74° edición. Y, en ese contexto, estos primeros días nos han dejado con una desilusión y el goce de una feliz confirmación

Tre piani

El desengaño viene de Nanni Moretti: Tre piani es la más gruesa e insustancial película que haya realizado. Hasta ahora uno podía hablar de una filmografía intachable. Al menos como director, ya que su guión en Caos calmo era un tropiezo importante. Y algo de esa acumulación de "situaciones límite", de subrayados que cuentan o explican lo que vemos, de sentencias que rematan y cierran cualquier ambigüedad que advertimos en aquella película con guión de Moretti dirigida por Antonello Grimaldi volvemos a encontrarlo en Tre piani. El cruce de historias de las familias que habitan el edificio de tres pisos que da título a la película contiene lo peor de los relatos corales, moda que creíamos afortunadamente abandonada. Ni las siempre correctas (cuanto menos) Margherita Buy y Alba Rohrwacher pueden con un guión imposible (que adapta la novela de Eshkol Nevo), en el cual el tono actoral del propio Moretti (a quien por cierto amamos) resulta particularmente inapropiado.

Benedetta

La sorpresa feliz llegó de la mano de Benedetta de Paul Verhoeven. El término sorpresa puede sonar equívoco frente al realizador que filmó desde Delicias turcas a Elle, pasando por Showgirls, Bajos instintos y Robocop. Está claro que el autor holandés no conoce de límites. Y eso se reconoce y agradece. Pero no deja de llamar la atención el lugar que Cannes le da a una película tan salvaje y libre. Que se mete, además, con temas como sexo y religión, que, por las críticas y debates que se generaron (que han llegado a hablar de "blasfemia"), dan cuenta que incluso hoy día hay temas de los que "no se habla". O al menos no de este modo, tan feliz y explícito para acercarse a la historia ("basada en hechos reales") que en el siglo XVII hace foco en una monja cuyos delirios místicos tienen tanto de religión como de pulsión sexual