El Festival de San Sebastián, que se realizará ente el 17 y el 25 de septiembre próximos, eliminará desde este año la distinción entre "mejor actor" y "mejor actriz" para sus premios: entregará una Concha de Plata a la Mejor actuación protagónica y otra a la Mejor actuación de reparto. Con esta decisión, sigue la huella del Festival de Berlín, el primero en eliminar la división por géneros en sus premios actorales. 

Lo confirmó en la presentación de la edición 69° de la muestra su director José Luis Rebordinos, donde además se dio a conocer el póster oficil del Festival (una bella foto en blanco y negro de una sonriente Sigourney Weaver). El cambio en los premios "responde -explicó Rebondinos- a que el género, que es una construcción social y política, ya no es un criterio que pueda seguirse para distinguir tipos de actuaciones (...). El criterio del jurado será, simplemente, distinguir entre buenas y malas actuaciones".

Más allá de este cambio bastante sustancial (cambio al que habrá que ver cómo se acomodan los productores de cine a quienes los premios proveen de un valor de mercado), es importante ver cómo ha de realizarse una muestra que el año pasado había apostado por la presencialidad acotada. Esta vez se ha decidido por una edición mixta, también con una presencialidad acotada pero que incluye la exhibición on line. A lo que se sumó el lanzamiento de la plataforma Z365, donde se puede acceder a contenido creado por la muestra durante todo el año. La estrategia tiene como fin que San Sebastián no sea solo un evento anual de encuentro cinematográfico, sino que cobre relevancia más allá del Festival.

También se anunció que la muestra de cine coreano clásico que debió suspenderse en 2020, tendrá lugar este año, uno de los eventos más importantes en el marco del encuentro cinematográfico. De todos modos, lo más importante consiste en la adaptación de los festivales de cine a contextos absolutamente nuevos. Por un lado, las discusiones alrededor del género; por el otro, la supervivencia de esta clase de eventos (cuyo fin procede justamente de lo presencial) a la post-pandemia.

Los festivales de cine no son solo lugares donde se ven películas de todo el mundo, sino donde esas películas encuentran amplificación y difusión más allá de las propias fronteras de sus países. Es decir, proveen de material a los distribuidores y exhibidores, algo central en tiempos donde el crecimiento de las plataformas ha vuelto indispensable la cacería de contenidos. De allí que sean, también, grandes encuentros de negocios. Cannes sigue apostando a la presencialidad exclusiva, como Venecia. Otras muestras, a la hibridez. Será muy importante ver cómo las diferentes estrategias funcionan -o no- en el nuevo paisaje delineado por el Covid-19.

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