Nada más adecuado que decir que la 35° edición del Festival Internacional de cine de Mar del Plata se hizo contra viento y marea. Dados los números -más de medio millón de visualizaciones on line, en principio-, el interés en la muestra no ha decaído y fue una decisión acertada mantener la "marca" del Festival vigente. Por supuesto que un festival de cine (un festival artístico cualquiera) requiere de la presencia del público, tanto del curioso y del cinéfilo como del de la industria. Suele ser una usina de intercambio de ideas y, sobre todo, de producción. Pero "eppur si muove": pasó, existió y permitió que muchos filmes que pasan inadvertidos en el hoy en coma circuito de exhibición tuvieran la oportunidad de encontrar un público.

Los premios fueron buenos, en el peor de los casos, decorosos. Tanto El año del descubrimiento  (premio Astor Piazzola al Mejor filme), de Luis López, que utiliza la pantalla dividida para hablar de un hecho político y de cómo se lo charló, interpretó y recuerda; como la coreana Moving On (premio especial del jurado), sobre los vaivenes emocionales de una familia tras un divorcio, resultan dos grandes muestras de cine realizado con cerebro y corazón. Lo mismo con Isabella, de Matías Piñeiro, que se llevó el premio de dirección e interpretación femenina (para María Villar), una gran comedia sobre la creación artística.

Pero hay dos características que merecen tenerse en cuenta. La primera, la cantidad de películas argentinas. La razón es clara: fue muy difícil conseguir filmes internacionales no solo porque no los hay sino porque es improbable conseguir los derechos para streaming gratuito. A trasluz, permitió ver que la calidad y la cantidad del cine nacional es abundante, aunque la enorme mayoría de las películas se realizó en 2019, por obvias razones. A futuro: ¿qué va a pasar en 2020, después de un año casi sin producción?

Desde la organización de la muestra aseguran que se intentó, hasta el último segundo, la presencialidad. Es raro que en nueve provincias -incluyendo CABA- se lograra y justamente en Mar del Plata no se haya permitido. Incluso un evento en Villa Victoria, al aire libre, fue abortado por un paro sindical. Y no vale comparar Mar del Plata con Bafici: Bafici debió ser en abril, cuando la ASPO recién comenzaba y el discurso era muy fuerte. Inviable hacerlo en salas. La situación en este noviembre no era la misma. Otra vez, los organizadores de la muestra fueron contra viento y marea en este caso.

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