Algo histórico está ocurriendo desde que Roma, el último filme del mexicano Alfonso Cuarón, ganó el Festival de Venecia último: se trata de una producción de Netflix que se estrenará en cines y en la plataforma al mismo tiempo, y que por lo primero -tendrá salas en los Estados Unidos- tiene la posibilidad de calificar para los premios Oscar (y los demás de la temporada, claro). Incluso, si se revisan las críticas y los análisis de medios extranjeros, es una de las principales favoritas a llevarse el premio de la Academia de Hollywood a Mejor Película. Pero al mismo tiempo, este modelo de negocios presenta un enorme problema para la ventana de distribución cinematográfica en salas, como lo muestra la controversia que se está presentando en México, país en el que ocurre el filme y la audiencia principal de su historia.

La principal cadena de exhibición de ese país, Cinépolis, conminó a Netflix a respetar los acuerdos de ventana -primero cine, luego SVOD tras una cierta cantidad de meses- en lugar de un estreno "day-and-date" (es la terminología) como el que se plantea. En otros mercados, incluyendo el argentino, el filme tendrá ese tipo de distribución. El realizador además aclaró que, dada la calidad de realización, la exhibición ideal debería ser en digital 4K y sonido Atmos, exclusivos de salas. Netflix tiene pautada la distribución on line para el 14 de diciembre, y ofreció la película a las salas mexicanas explicando que donaría una parte sustancial de la recaudación en cines a organizaciones benéficas. Cinépolis respondió que, si la firma de streaming pospone la salida digital, estrenaría la película y donaría el 50% de la recaudación a organizaciones que ayudan a mujeres de servicio doméstico en México (el tema de la película, un relato autobiográfico de Cuarón centrado en una joven al servicio de una familia acomodada). Mientras esto sucede, en Italia, donde el filme tendrá salida on line, ya se confirmaron al menos 50 pantallas para su exhibición en salas. En México, las salas previstas serían unas cuarenta.

El problema es complejo: implica la competencia entre dos formatos de distribución diferentes pero con poder asimétrico. El hogareño puede herir la exhibición en salas; la exhibición en salas no puede herir la difusión en el hogar. Aún cuando la película está diseñada para ser vista en los cines, hay una parte importante de la audiencia que preferirá verla en el hogar, y en ese punto es donde la protesta de Cinépolis tiene cierto sentido. Pero el fondo de la cuestión es el futuro del negocio cinematográfico: si las salas solo exhibirán, finalmente, películas de gran espectáculo, "experiencias" sensoriales, o si todavía habrá espacio para otra clase de filmes. La jugada de Netflix y los premios pueden torcer definitivamente la balanza.