Como casi todos los especialistas podían adivinar, Nomadland, la bella y emotiva película de Chloé Zhao, se llevó el Globo de Oro al mejor filme dramático en la última entrega de estos premios. En el rubro comedia, ganó Borat 2. La diferencia entre ambas películas es, también, una toma de posición política y económica: el de drama siempre fue el premio mayor, y fue para un filme que no irá a plataformas antes de tiempo (de hecho, se estrenará en la Argentina antes de los Oscar). Borat 2 es Amazon y fue a plataformas, y además le dio el premio de actor de comedia a Sacha Baron-Cohen (primera vez que alguien gana este galardón dos veces interpretando al mismo personaje). En TV, las grandes ganadoras fueron The Crown (tres de cuatro premios actorales) y Gambito de Dama (mejor miniserie, mejor actriz). Es decir, ahí triunfó Netflix.

¿Cómo se lee esto? Simple: Netflix quedó con la supremacía del On Demand (hay que sumar premios actorales cinematográficos para Rosamund Pike por Descuida, yo te cuido, y el fallecido Chadwick Boseman por La madre del blues, ambas producciones de la firma), pero para el cine se sigue prefiriendo aquello que va a pantalla grande. Los productores de Nomadland no quisieron que la película fuera directo a plataformas. Su triunfo es un apoyo a ese modelo.

La ceremonia fue aburrida. La distancia social y que las hosts Tina Fey y Amy Poehler estuvieran una en Nueva York y otra en Los Angeles hizo mucho por sostener la abulia de un galardón a reglamento. Pero hay algo más: si se analizan los premios, con alguna excepción, nada tuvo que ver con lo directamente estético sino con una celebración de la corrección política. Tomemos el premio a Chadwick Boseman: un icono de la comunidad negra, el primer actor en crear un superhéroe afroamericano de éxito global (Black Panther para Marvel), fallecido tras una larga lucha contra el cáncer. Que La madre del blues sea un largo trabajo de teatro filmado con poco de cine es lo de menos.

O Borat 2, una película de la que su estrella-productor afirmó que era importante para mostrar el fanatismo, y que tenía que filmarse en el año de la pandemia y estrenarse antes de las elecciones. Sumemos el discurso de Jane Fonda sobre la diversidad. Podría sospecharse que el premio a Nomadland va por el mismo camino. La historia de una mujer que pierde su casa en la crisis de las sub-prime y viaja por los EE.UU. descubriendo la cultura de quienes viven en campers es un retrato social y político, una comedia y un documental, pero sobre todo -para los que juzgan- lo primero. 

Así que las cosas están así: corrección política, amabilidad, antirracismo (sobre todo contra la comunidad negra en los premios post George Floyd) y reducir al mínimo cualquier atisbo de frivolidad, humor o glamour. Y defender, sobre todo, el negocio más tradicional de las salas. Esto es Hollywood hoy, tras el golpe de la pandemia.

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