Animación y sátira total a la moda de los superhéroes

Una de las peores cosas que le pasó a los superhéroes en su paso al cine es haber perdido (a veces no, pero sí en general) su carácter satírico, algo que siempre estuvo ahí, desde que Superman o el Capitán América peleaban con Hitler en los 40. Jóvenes Titanes: la película recupera absolutamente eso. Basada en la serie de Cartoon Network, el filme no tiene un solo elemento “en serio” o “trágico”, se ríe del género, ejerce el humor de toda clase (desde chistes de pedos hasta la broma negrísima) y, sobre todo, le pega una cachetada al actual negocio audiovisual de Hollywood. En serio: es una película cómica a la altura de las mejores. El sábado, a las 22, por HBO Family.

El beso del vampiro

Esta es una de las películas más raras que diera el cine de Hollywood en los noventa. Nicolas Cage interpreta a una especie de yuppie que, un buen día, cree que lo mordió un vampiro y comienza a comportarse como uno, imitando de paso al clásico Max Schrek de la genialidad muda Nosferatu. Entre otras cosas, Cage se comió una cucaracha viva frente a cámara. Es un filme anómalo, al mismo tiempo fascinante y molesto, que no se parece a nada. Y tiene un gran trabajo, además, de María Conchita Alonso, genial actriz. Durante mucho tiempo, un filme de culto que luego pasó al olvido. Buena oportunidad para verlo. Viernes, 23,55, Fox Classics.

Vértigo

Hay una sola razón por la que es difícil decir que Vértigo es la mejor película de Hithcock: el tipo hizo además Ventana Indiscreta, Psicosis, Intriga Internacional, y Los pájaros, solo para empezar. De todos modos, la historia de este detective con acrofobia que pierde a la mujer que ama, encuentra un sustituto, sospecha de algo maquiavélico y cae en un destino circular y trágico es más que un filme de suspenso: es la mejor representación de la locura amorosa en el cine. Si no la vio, juramos que conocer este filme mejora la vida. Y si la vio, también. Jueves, 23,50, Cinemax.

Titanic

La reconstrucción pasmosa del célebre naufragio, entretejida con una historia de amor y aventuras, es también otra cosa. Por un lado, una reflexión más de James Cameron sobre la conflictiva relación entre el hombre y la tecnología. Por otro, un recuerdo sobre cómo se narra una película en el cine. Cameron recurre a la fantasía, al anacronismo voluntario, a la cita del gran cine clásico (hay mucho de Lo que el viento se llevó para quien quiera verlo, y de John Ford, también) y al relato dentro del relato para enseñarnos qué es puesta en escena. Obra maestra. Mañana, 22, FXM.