La Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Hollywood anunció cambios sustanciales para la próxima entrega de los Premios Oscar, un mes antes de que comience formalmente la temporada de premios y campañas. Las tres decisiones van a traer polémicas, pero no son más que reacciones para un evento que, cada vez, pierde más popularidad. La primera: que la ceremonia no podrá durar de ningún modo más de tres horas. La segunda, eliminar de la transmisión televisiva algunas categorías técnicas. La tercera: incorporar un premio del público al filme más popular.

Las tres decisiones tienen que ver con algo muy claro: la emisión de los premios pierde público constantemente. Aún cuando la última entrega tuvo más de 25 millones de espectadores en los Estados Unidos (cifras de Nielsen), cayó un 19% respecto del año del papelón entre La La Land y Moonlight. La caída es constante y las razones, principalmente dos: que el show es demasiado largo y que las películas más populares son, a lo sumo, nominadas dentro de categorías técnicas. Esto último ya había causado un enorme cambio en los premios. Cuando en 2008 el público se sorprendió porque Batman-El Caballero de la Noche, de Christopher Nolan, no quedó nominada como Mejor Película, la Academia amplió esa categoría a hasta diez títulos, con la esperanza de que los blockbusters quedaran representados. Pero la costumbre de que quedasen relegados a los rubros técnicos se mantiene. Y desde que Avatar perdiese el premio principal contra The Hurt Locker, el premio mayor suele ir a películas independientes o cercanas al circuito de arte y ensayo, como si el propio Hollywood tuviese vergüenza de lo que mejor hace.

De todos modos, no se anunció de qué manera -y desde cuándo, si será para los Oscar de 2019 o no- se implementará esta novedad. Las otras, evidentemente tendrán efecto inmediato, aunque ya hay sindicatos que protestan por la potencial ausencia de ciertos rubros de la ceremonia. El gran dilema es cómo volver a atraer al público, especialmente a las generaciones más jóvenes, que en estos momentos -y el fenómeno es global- no solo son los que sostienen el negocio sino que consumen casi exclusivamente blockbusters. Se supone que una categoría "popular" podría conquistar un poco a ese público. Sería deseable, también, que la larga presentación de agradecimientos no fuera tan aburrida. Pero no hay reglamentación que se proponga que pueda impedir tal cosa.