La semana pasada, las principales empresas productoras de contenidos audiovisuales de los Estados Unidos rompieron el silencio respecto de qué postura adoptarán si se transforma en ley un decreto del Estado de Georgia que prohibe el aborto. Hasta entonces, solo algunos productores independientes y Netflix habían amenazado con dejar de producir en ese estado en caso de que se prohibiera la IVE. Los grandes estudios (Disney, Warner, Sony, etcétera) mantenían silencio respecto del boicot contra Georgia que muchos representantes de los diferentes sindicatos de la industria del entretenimiento solicitan. Finalmente, declararon que dejarían de producir en ese estado en caso de que la prohibición se convirtiera en ley el próximo primero de enero. Las implicancias son mucho mayores de lo que parecen a simple vista.

Georgia se ha convertido, en la última década, en el lugar favorito por Hollywood para filmar porque ofrece un rembolso impositivo de hasta el 31%. Es mucho si se tienen en cuenta los presupuestos millonarios y la presión impositiva de los Estados Unidos en general. Esto, de paso, permite aclarar aquello de que " Hollywood no subsidia". Los EE.UU. no tienen un organismo centralizado para financiar películas como lo tienen la Argentina, Francia o China. Pero sí hay exenciones impositivas, rebajas en cargas laborales, rembolsos, etcétera que funcionan como subsidio indirecto. Cuando una película masiva hoy ronda presupuestos de hasta 250 millones de dólares, todo centavo ahorrado es imprescindible. Georgia es el que más "descuenta", lo que le ha permitido crear un sector audiovisual fuerte. Los números lo demuestran: en 2018, u$ 2.700 millones en inversión directa, más de 90.000 empleos directos e indirectos, y un ingreso total superior a los u$ 4.500 millones. Un "retiro" de la producción sería una sangría gigantesca para un estado cuyas dos grandes industrias son las comunicaciones y los derivados de la plantación de cítricos.

Por cierto, es necesario ser realistas. Los grandes estudios no quieren abandonar Georgia, pero el peso político de una decisión contra el aborto podría dañarlos directamente en la medida en que, con el enrarecido clima de hoy, podrían perder mercados -especialmente en los dos más grandes: jóvenes sub 30 y mujeres, más la gigantesca e influyente intersección de ambos. De allí su postura.

Pero es complicado. Los gobiernos de los estados más conservadores tienen desde hace años una postura contraria a la IVE y la administración Trump trata por todos los medios de que se caiga la legalización. Si la proposición de ley firmada por el gobernador de Georgia Brian Kemp es finalmente aprobada, puede llegar la discusión a la Corte Suprema y eso reabrir un debate justo cuando ese organismo tiene jueces que desean terminar con el aborto en los Estados Unidos. Pero la presión de los productores audiovisuales y empresas de comunicaciones -hoy uno de los sectores más poderosos de ese país y del mundo- puede evitarlo. En Georgia se juega mucho más que un conjunto de exenciones impositivas.

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