El primer día del Festival centra su actividad de manera casi exclusiva en la ceremonia de apertura y en la proyección de la película escogida a tal efecto. Hay muchas delegaciones e invitados que todavía no arribaron y son pocas las funciones que tienen lugar en el Mercado que se lleva a cabo de manera paralela a la muestra. Así y todo, en cuanto al ritmo, al pulso del festival, puede advertirse una merma de asistentes que no habría sido tan sustancial como podía preverse (off the record se habla de un 20%) y que la dinámica es muy distinta en julio, mes de vacaciones con muchos chicos con receso escolar y no pocos veraneantes que vienen a Cannes no exactamente para ver películas. Así, moverse por las calles es incluso un poco más difícil que lo que usualmente es en mayo, situación que se ha repetido en la página web del festival, superada por la cantidad de personas tratando de reservar entradas (requisito ahora exclusivamente on line y aplicable para todos) al mismo tiempo.

En este año tan peculiar, en el que ya desde la apertura, por ejemplo, se ha querido al menos mencionar y dar un lugar a los seleccionados 2020 que se quedaron sin festival presencial y que ha sumado una sección de Cannes Premieres para dar más espacio a muchas películas que se quiere acompañar, también se ha sumado una especie de pre-apertura. Así la denominó el director general de la muestra, Thierry Frémaux, al presentar el documental The story of a film: a new generation, de Mark Cousins. En la nueva obra del crítico y realizador irlandés se propone un recorrido por el cine creado entre 2010 y 2021 (actualizando su The story of film: an odyssey, de 2011) y en los últimos 40 minutos de los 160 de metraje se concentra en pensar sobre el impacto de la pandemia y qué será del cine. Una película más voluntariosa que profunda, aun en su superficialidad sirve para tomar algo de conciencia sobre el aparente punto de que cada generación parece decir “cine era el de antes”, menospreciando al que le es contemporáneo, pero que en verdad no son pocas las grandes películas del pasado muy muy reciente (de la última década). Podrá no estarse de acuerdo con muchas de sus elecciones (las únicas películas argentinas mencionadas, por ejemplo, son Zama de Lucrecia Martel y XXY de Lucía Puenzo), pero ver los fragmentos de tantas películas en un mismo momento muchas veces resulta más fructífero que los propios comentarios del realizador del documental. Por lo demás, el director piensa que los cambios que advertimos en el mundo del cine también tienen su costado positivo: la multiplicidad de vías de acceso, redes y plataformas habría dado un poder al público como nunca ha existido en la historia.

En cuanto a la apertura en sí misma, siempre tan correcta y breve como elegante, la reflexión sobre la situación actual y la idea del cine como lugar vital de refugio y reencuentro ha sido una constante. Al respecto abundó Jodie Foster (invitada de honor del Festival, reconocida con una Palma a su carrera) en un perfecto francés que llevó al presidente del jurado, Spike Lee, a bromear al respecto al comienzo de su alocución: "Lo que más quisiera en este momento… sería hablar en francés ¡como Jodie Foster!".

Sin discursos oficiales, la ceremonia se centró en el reconocimiento honorífico (entrega de la Palma de parte de, nada menos, el genial Pedro Almodóvar que con su discurso supo arrancarle unas lágrimas a Jodie), la presentación de las películas seleccionadas con un breve clip y del jurado de la Competencia Oficial. En éste acompañarán a Spike Lee la realizadora franco senegalesa Mati Diop (Atlantiques), el brasileño Kleber Mendonca filho (Aquarius) y la austriaca Jessica Hausner (Little Joe), las actrices y actores Mélanie Laurent, Song Kang Ho (el protagonista de Parásitos), la también directora Maggie Gyllenhaall, el francés Tahar Rahim y la autora e intérprete canadiense Mylene Farmer.

Para abrir esta 74° edición del Festival Internacional de Cine de Cannes llegó especialmente Bong Joon ho, ganador de la última Palma de Oro por la ya citada Parásitos, entregada en 2019, una manera de marcar cierta continuidad y "olvidar" el 2020. Así en coreano (Bong), español (Almodóvar), inglés (Spike Lee) y francés (Jodie Foster) se cumplió el rito de la reiteración del mantra de “declarar oficialmente abierta” una edición que, más allá de las particularidades (perdón por el eufemismo), promete mucho en cuanto a su programación.

Annette, el filme de apertura y la corrección política

En concreto, y en cuanto a la película de apertura, Annette, de Léos Carax, puede decirse sin dudas que sorprendió al público del Grand Théatre Lumiere (donde tenía lugar la gala) y de la enorme sala Debussy (donde de manera simultánea se llevaba adelante la proyección para la prensa). De hecho, al finalizar la proyección no fueron pocos los silbidos que se escucharon en esta última sala (en las galas las normas de urbanidad hacen que tal tipo de conductas sea menos habitual). Protagonizada por Adam Driver y Marion Cotillard, Annette es un musical que interesa menos por las canciones y sus interpretaciones que por el modo en que aborda determinados temas. El director de Mala sangre y Los amantes de Pont Neuf no teme a los riesgos. Ni al aparente ridículo. Amour fou, violencia de género, humor incorrecto, maltrato infantil (aunque la niña cuyo nombre da lugar al de la película en gran parte del metraje esté interpretada por una marioneta) y más de un asesinato, todo convive de alguna manera en el personal mundo de Carax. El director, aun cuando en la presentación hizo gala de su habitual estilo en el que deja muy en claro que todo parece importarle realmente poco, en la ficción presenta el asunto como un gran espectáculo. El costado oscuro de la fama y la prensa amarilla son blanco de su crítica. Por algún momento podría pensarse que incluso pone en litigio cierto avance autoritario en la defensa de ciertas causas muy de boga en el presente, pero la deriva de la película desmiente esa interpretación.

¿Se puede hacer humor con cualquier tema? Más aún: ¿Se puede hacer películas sobre cualquier tema? Leos Carax y el Festival de Cannes responden de manera afirmativa a esos interrogantes. Y está bien que así sea, sin ambigüedades. Los próximos días prometen una fiesta diversa y heterogénea, en la que se agradece esa multiplicidad, aun cuando en muchos casos eso nos haga encontrar con propuestas muy ajenas a nuestros gustos, intereses y hasta a nuestros principios. Después de todo, de eso se trata un Festival de Cine.