En el día de las mujeres, hablemos de una que se dedica al porno industrial. Más de una vez nos ocupamos de realizadoras de pornografía alternativa, como Erika Lust o Annie Sprinkle. Pero si bien son cineastas interesantes además de pornógrafas cumplidas, se encuentran al margen de la gran producción, son personas que trabajan dentro de un nicho bien definido. Sobre todo Sprinkle, cuyo trabajo tiene además una fuerte impronta política.

Es cierto que muchas actrices porno pasan a la realización y a la producción -e incluso montan sus propias empresas- con bastante éxito, pero no se orientan específicamente al público femenino. Sus producciones en general son indistinguibles del porno mainstream en general. Las diferencia el hecho de conocer bastante mejor que los hombres los problemas del negocio, por eso además suelen ser bastante exitosas desde el principio. Además, hay otra cuestión: por lo general las actrices porno son más famosas que los actores del medio y son las "marcas" que venden producto (además de ser la única industria en la que la mujer cobra siempre más que el hombre, incluso hasta diez veces más). Esta ventaja comercial suele diluirse en las películas.

El porno es la única industria donde las mujeres, por norma, ganan mucho más que los hombres

Pero la excepción a la regla es Joanna Angel. La señorita Angel tiene 37 años, mide un metro cincuenta y estuvo seis años en pareja con el actor porno James Deen, a quien acusó de abusos y maltratos públicamente. Desde muy joven es actriz pornográfica, pero lleva más de cuatrocientas películas como intérprete y más de trescientas como directora, todo un récord y siempre dentro de la línea más comercial. Eso sí, tiene sus particularidades: en todos sus filmes, son las mujeres las que toman el control de las historias y las acciones, y los hombres están bastante satirizados. Muchas de sus producciones son parodias y, en ese sentido, es también alguien que adopta una pose contraria a la corrección política en boga. Es interesante, porque sin dejar de ser una feminista convencida con artículos publicados al respecto en medios fuera del porno, se opone a cualquier tipo de fundamentalismos y, sobre todo, a la idiotez.

Ejemplo. Cuando en 2013 realizó una parodia de la serie The Walking Dead, usó a uno de los actores de su estudio, caucásico, para interpretar a un personaje que en la serie es oriental. Lo pintó de amarillo. La atacaron. La respuesta fue que ese actor era un miembro -la broma no es intencional- valioso de su empresa, que quería darle un papel y que, dado que se trataba de una parodia, no veía nada de malo. La volvieron a atacar. Entonces dijo que a ese mismo actor lo había avejentado en otra película para que pareciera John Biden, ex vicepresidente de los EE.UU., y que esperaba que no la insultaran por no contratar a un actor porno de setenta años. La señorita Angel contraataca siempre.

Entre sus películas hay de todo, pero especialmente se lee en ellas un espíritu punk bastante marcado. Su principal preocupación consiste en quebrar algunas instituciones. Ver, por ejemplo, su película Entre monjas, que es algo más que el lugar común de las religiosas lesbianas que usan y abusan de novicias. Hay en sus películas una tendencia mayor al plano general que al plano detalle, y se trata casi siempre de sátiras o parodias que desnudan -otra broma no intencional- los lugares oscuros de las instituciones consagradas. Es decir: al utilizar la pornografía, denuncia las represiones y las hipocresías del mundo que rechaza el porno.

Su película más conocida, aquella por la que terminaron entrevistándola en todos lados, se llama Joannas Angels. Es cierto, se parece a Charlies Angels pero, en este caso, la jefa es la directora-productora-actriz multipropósito. El filme tuvo varias secuelas, todas dirigidas por ella. Pero es interesante de lo que trata: un grupo de chicas decide hacer justicia contra tipos abusadores -y contra algunos que se visten realmente mal- utilizando el sexo como trampa. Los usan, los agotan y, finalmente, los sacan de circulación. En general, cuando una mujer utiliza el sexo como una especie de carnada, tanto en el cine mainstream como, aunque parezca raro, en el porno, o bien recibe su castigo al final o todo termina mal. No se ve a ese personaje con simpatía, sino siempre como alguien peligroso y que merece un castigo. Adivinen: las chicas de Joanna, no. Son así, se enfrentan al mundo con el placer como arma, y siguen adelante con la directora y los espectadores de su parte.

Si bien es cierto que en mucho del cine porno mainstream la seducción no juega un papel especialmente visible -es decir, se va directo a la acción- y aquí también pasa, esa falta de "sensualidad" previa está combinada con un desarrollo salvaje de las acciones acompañado por un montaje rítmico. Pero no solo eso: en medio de una secuencia sexual puede acontecer algo ridículo que desencadene la risa. La propia Joanna lo explica: "las películas porno están hechas para excitar; lo mío siempre es el humor así que, si bien el sexo está realizado para calentar a otro, si se ríe al menos tuvo esa reacción". En ciertos momentos, da la impresión de que es más importante la risa que las erecciones.

Algo más e importante. Joanna comenzó trabajando y dirigiendo para empresas grandes, especialmente VCA, una de las más importantes productoras pornográficas de los Estados Unidos. Pero un buen día decidió que su base de fans y sus producciones podían muy bien ser comercializadas por ella misma, así que armó su propio sitio y comenzó a vender suscripciones a su material allí mismo. El resultado: un éxito comercial que se apropió del nicho creado por el poder del nombre. Después de décadas de explotación en un campo especialmente propicio para eso, mujeres como Joanna Angel demuestran que se pueden romper ciertos techos de cristal. Aunque en este caso se ha puesto demasiado el cuerpo.