Un poco por casualidad recomendamos dos películas complementarias sobre la Segunda Guerra Mundial -una soviética, una americana. Recorramos ahora un poco esa contienda, probablemente la que ha dado más material de todo tipo al cine. Sobre la Segunda Guerra hay documentales, dramas, películas de aventuras, comedias, policiales, películas de terror, animación y hasta musicales. Fue el gran triunfo americano y el gran triunfo soviético contra el gran villano del siglo XX, y en cierto sentido también es uno de los mitos generados por este siglo. La pregunta es qué ver para cubrir sus variantes.

Veamos un drama y una comedia (las dos se pueden ver en Qubit.TV). Una es Casablanca, que es tanto un filme sobre la guerra como uno que utiliza la guerra como excusa para crear un ambiente de exclusión. Casablanca, la ciudad, es el lugar donde aliados y nazis conviven en un equilibrio muy tenso, mientras muchos intentan escapar del horror europeo. Y no es tan "romántica" como la venden: es más un policial negro con mentiras y traiciones, bastante seco, que una historia de amor, que justifica a los personajes pero no necesariamente la historia en total. La otra es Ser o no ser, una comedia de Ernst Lubitsch donde un grupo de actores polacos tiene que disfrazarse de nazis, rescatar a un hombre y frustrar una operación peligrosísima con el talento de la actuación. Es muy graciosa, muy divertida y muy inteligente.

Bélicas, tres -además de Más allá de la gloria, que revisamos en la otra página. Arenas de Iwo-Jima, de Allan Dwan (Qubit.tv) se concentra sobre todo en la relación entre un sargento severo pero justo (John Wayne) y sus soldados, e incluye una descripción tremenda de lo que la guerra implica para los civiles en la secuencia en la que Wayne visita a una prostituta. De pura aventura, Objetivo Birmania, de Raoul Walsh, una misión casi suicida de un comando conducido por Errol Flynn que muestra lo que implica la acción en el frente desde el punto de vista de soldados comunes. Y tercera, la gran Hasta el último hombre, de Mel Gibson, que relata cómo un objetor de conciencia, sin disparar un solo tiro, salva las vidas de aquellos que lo desprecian por "cobarde". Una gran película en todo sentido ( Netflix).

Lo que Spielberg hizo con el tema merece una nota aparte. Pero las dos películas que le dedicó especialmente (dejando de lado sus burlescas Los cazadores del Arca Perdida e Indiana Jones y la Última Cruzada, donde reduce a los nazis a monstruos estúpidos, que lo eran) son capitales para ver la perspectiva del tiempo. Una, La lista de Schindler, cierra de modo definitivo lo que la narración clásica de Hollywood puede hacer con el Holocausto. Es también un filme de aventuras y, como dijo alguien, la historia de una conversión: la de ese Schindler inescrupuloso y ateo en un ser consciente, sensible a la vida humana, y en última instancia un judío honorario (el final es en ese sentido demoledor). Rescatando al soldado Ryan trata de responder a la última de las preguntas sobre la guerra: ¿Para qué sirve? Para salvar una vida, incluso a costa de la vida, parece la respuesta en una película mucho más compleja moralmente de lo que parece a primera vista. Los Indiana... están en Netflix y FoxPlay; las otras dos, en HBO Go.

Probablemente la mejor versión caricaturesca del asunto, que es también un ajuste de cuentas con el triunfalismo americano, la imbecilidad nazi, la manipulación política, la banalización de la guerra, y un largo etcétera, sea ese cuento de hadas disfrazados donde Hitler queda reducido a pedazos llamada Bastardos sin gloria, quizás -el autor se hace cargo de lo que enuncia- la mejor película de Quentin Tarantino. Si Spielberg se pregunta para qué sirve la guerra, Tarantino se pregunta -y se responde en una ucronía total- para qué sirve el cine, cuya imaginación no está atada a los manuales de Historia. Feroz, humorística, emotiva, llena de música e invenciones casi teatrales, tiene razón Eli Roth al decir "es una obra maestra". Está en Netflix.

En cuanto a personajes, dos películas centrales. Una es Patton, de Franklin Schaffner, con guión de Francis Ford Coppola (fue su primer Oscar). George C. Scott interpreta a ese general que creía ser la reencarnación de Alejandro de Macedonia, César y Napoleón, que creía que había que seguir la guerra para terminar con Stalin, que combinaba la crueldad con la inteligencia. Las imágenes son espectaculares y no solo Scott está muy bien, sino también Karl Malden, uno de esos actores que siempre sube las acciones de una película. Se puede ver en FoxPlay.

La otra es Las horas más oscuras, la película que le dio el Oscar finalmente a Gary Oldman por interpretar a Winston Churchill en el momento más delicado de su vida, aquel en el que debe decidir si se enfrenta o no a Hitler. Dentro de la tendencia de las últimas décadas de definir toda una biografía por unos pocos días o acontecimientos en la vida de un hombre grande (lo que pasa con Lincoln, por ejemplo, otra película con actor oscarizado, en ese caso Daniel Day-Lewis). La verdad es que, pasado el momento del estreno, la película está muy bien. Está en HBO Go.

Pero probablemente -estas sí que son hoy difíciles de encontrar- las tres mejores sobre el tema sean La delgada línea roja, de Terrence Malick (que pone la guerra en un contexto universal muy amplio), y el dueto de Clint Eastwood En defensa del honor-Cartas desde Iwo-Jima, que muestra el mismo hecho una desde la perspectiva estadounidense y otra, desde la japonesa. La propaganda contra el código de honor ancestral, la nación joven contra la tradicional, un mundo que desaparece contra otro que crece. Todo está ahí, más allá de la guerra, con la precisión cruel de Eastwood.