Uno de los negocios sexuales más exitosos de la actualidad es el de los juguetes. Hay una variedad y una cantidad que es imposible de sumariar. Desde los tradicionales dildos hasta muñecas cuya similitud con los humanos llega a asustar. Por supuesto, ese negocio -sobre todo en la era digital- es transnacional, y las empresas que los fabrican tienen operaciones en múltiples territorios. El problema de todo negocio de este tipo es que choca con la relación que los Estados tienen con aquello que solíamos llamar "moral y buenas costumbres". En una treintena casi de países, por ejemplo, la pornografía está prohibida y eso vuelve inviable vender algo relacionado con el sexo salvo que se trate de medicamentos o elementos de profilaxis. Notablemente, el porno y todo lo que gira a su alrededor son ilegales en las dos naciones con mayor cantidad de habitantes, China y la India.

También están entre los países de los que sale mayor la cantidad de piratería en todo sentido, especialmente de objetos de consumo. No solo eso: muchos juguetes sexuales se hacen en China o India (porque la mano de obra es más barata), lo que implica que hay fábricas que tienen las matrices y el material para hacerlos. Muy bien: de India y de China sale una cantidad enorme de copias ilegales de los más exitosos juguetes sexuales. Ya sé, ya sé, nadie se sorprende con esto.

Pues bien: hace no mucho, la empresa miltinacional WOW Tech Group pidió el registro de patente de su juguete We-Vibe (y de otros) en India. El We-Vibe tiene algunas curiosas características que lo llevaron a vender cinco millones de unidades en 50 países. Se conecta al celular con una app, permite estimulación para un juego en pareja y hace varias cosas más. Es muy popular entre mujeres porque básicamente está diseñado para estimularlas en múltiples puntos y la conexión vía wi-fi hace que sea un complemento "a distancia" para el juego en pareja. Si lo ven, el diseño es bastante simple, además. Como sea, es un producto exitoso.

Toda empresa pide patentes cada vez que ingresa en un territorio, para proteger sus derechos. Aunque hay algunos protocolos internacionales, suele ser necesario solicitar el documento en cada país en particular. Pues bien, adivinen. Tal cual: India negó la patente del We-Vibe porque "conducen a la inmoralidad y la depravación moral". Tal como cita X-Biz, el "Variety" del negocio erótico, el texto indio dice "estos juguetes no son considerados útiles o productivos (no me imagino la productividad de un yo-yo salvo para la industria del yo-yo, nota del autor, claro); la mayoría son considerados degradantes para la ley y de ningún modo muestran de modo positivo el placer sexual". Lapidarios.

Es decir: se da la extraña paradoja capitalista de que en el país donde se manufacturan ciertos objetos, tales objetos estén prohibidos para la población local. Por cierto no es nada del todo excepcional (pensemos en la cantidad de cosas que se fabrican en China y que los chinos no podrían consumir, por ejemplo), pero en este caso lo más curioso y discutible es que una oficina de patentes tenga que negar una por una consideración moral. En general, los motivos por los cuales se niega una patente en cualquier lugar del mundo son de orden técnico. Lo que se investiga es que lo que se pondrá en circulación funcione bien y no sea un peligro para sus usuarios. A menos, claro, que se considere en este caso el placer sexual como algo peligroso.

India es un caso extraño. No se puede decir que haya un fundamentalismo religioso en un país que tiene cientos de religiones. Según datos de 2011, el hinduísmo es la primera religión de India, seguida por el Islam y todas las variantes del cristianismo. Pero el primer caso es de casi el 80%, mientras que los islámicos conforman poco más del 12% y los cristianos, un 6%. El hinduísmo no es, precisamente, una religión que prescriba la castidad; ni siquiera es "una sola" religión sino que tiene variantes que, en el caso del erotismo y el sexo, van de la renuncia completa (para algunas castas y para algunas posiciones) hasta el sexo como camino de sabiduría (la relación que hay entre el hinduísmo y el tantrismo es central, sin contar el Kamasutra que, como todo sutra, está relacionado con lo religioso). Es decir: no es necesariamente la religión la que impone esto sino un sistema más tradicional. Que, por supuesto, es cuestionado desde dentro. En el mismo artículo, se cita la opinión de Shamnad Basheer, profesor universitario de derecho, que cuestiona que la oficina de patentes de su país incluya en sus decisiones algo así como un juicio moral, cuando su competencia es sobre todo técnica. De hecho, el texto completo que deniega la patente incluye "falta de innovación" como motivo, por ejemplo, un motivo que alcanzaría para negarla. La razón "moral" es algo que parece desnudar los verdaderos motivos.

Otra cosa interesante: en la India es casi imposible comprar en algún tipo de local, de modo normal, un juguete sexual de cualquier tipo que fuere. Pero si se compra mediante una tienda on line, llegará a su hogar en forma segura o discreta. Lo que sucede es simple: como pasa en la mayor parte del universo, el goce del sexo sigue siendo algo que altera estructuras conservadoras. También, a pesar de la ilegalidad, la pornografía india existe y tiene sus propios temas. No es extraño, si se piensa, dado que el país es el segundo productor -a veces el primero, depende del año- mundial de películas, aunque la mayor parte de su inmensa producción es solo para consumo interno (aunque se exporta más o menos bien, por carriles a veces peligrosos, a otros países de Asia y África, especialmente al mundo árabe e islámico, donde también el porno está prohibido). Es decir, la prohibición, como se sabe, no disminuye ni elimina el entretenimiento erótico, tan antiguo como la propia cultura india.

Porque, queda claro, ponen el acento no solo en la libertad del individuo sino en que el sexo es algo más que el mero mecanismo de reproducción. Es un problema el placer porque el placer no es "productivo", incluso si genera grandes negocios. Cada vez más, las prohibiciones o los postulados reactivos contra el sexo y el placer resultan más anacrónicos.