Enviado especial a Montevideo

La cinefilia rioplatense tiene en claro que uno de los eventos más esperados del calendario de festivales es el encuentro que, año a año, se lleva a cabo en Montevideo: el Festival de Cinemateca Uruguaya. La semana del turismo (tal como en un país que respeta la separación entre la Iglesia y el Estado se denomina a la "Semana Santa") es oportunidad ideal para acercarse a un evento único en una ciudad que se prepara con ímpetus renovados para recibir y sorprender a los amantes del arte.

Hoy, con la proyección de la película brasileña Deslembro, de Flavia Castro, tendrá lugar la apertura que esta vez se hará en el hermoso Teatro Solís. Para que nos adelante algo de lo que nos puede esperar entre hoy y el 28 de abril, hablamos con la directora del Festival, Alejandra Trelles. La docente, periodista cultural y programadora señala que la principal novedad de esta edición es que la sede principal del festival son las tres nuevas salas de Cinemateca Uruguaya. "Por primera vez, las salas estarán concentradas en un radio de 500 metros, en la ciudad vieja de Montevideo y al lado del mar. Son diez las que participan, aunque la programación extensa desde el día hasta tarde en la noche estará concentrada en las tres flamantes de cinemateca."

Preguntada sobre la programación, Trelles entiende que es difícil destacar novedades pues la estructura del festival se mantiene intacta desde hace dos ediciones. Así, aun cuando hay muchas películas que son première latinoamericana, y algunas incluso mundial, destaca que "Esas son cosas que no miramos mucho a la hora de programar, pero que si hay, sabemos que tenemos que destacar".

La modernización del sistema facilita la adquisición de entradas y las nuevas salas permitirán ver (y escuchar) las películas con la calidad que requiere el evento. Los cambios llaman al recuerdo de otros tiempos. "Cuando en 1982 Manuel Martínez Carril decide crear este festival, existían muchas razones: su existencia era perentoria y Manuel fue más allá de cualquier expectativa imaginable -señala Trelles-. Razones puramente cinematográficas, claro, en un país con un circuito de exhibición oligopólico, donde la mayor parte del cine realizado en el mundo no nos llegaba. Y políticas, con el país atenazado por una feroz dictadura que había suprimido todos espacio de libertad. Un cerco que este festival aprendió a sortear de maneras no poco épicas, muchas veces casi de relato clandestino".

El tiempo ha pasado y en términos de libertades la situación es incomparable. Pero el sabor del plato único y el poco espacio para la diversidad es algo que hermana a toda América Latina. En Montevideo la Cinemateca es un espacio de resistencia y libertad; un espacio al que hemos de prestar especial atención en los próximos 12 días.