En un año en el que la presencia del cine latinoamericano ha sido muy acotada en el Toronto International Film Festival (TIFF), en la elección realizada por el apartado de la industria del festival brilla la coproducción de Argentina con Brasil, Chile, México y Noruega Karnawal, ópera prima de Juan Pablo Félix, con quien BAE Negocios pudo hablar extensamente.

—¿Cómo fue el proceso de hacer Karnawal?
—Karnawal es mi ópera prima y es una película que me demandó muchos años de trabajo. Realmente fue una historia muy difícil de llevar a la pantalla grande por todo lo que implicó en términos productivos y por todos los desafíos y riesgos artísticos que yo sentía que la historia me proponía a la hora de ser filmada. También tuvimos que esperar mucho tiempo y aplicar a muchos fondos internacionales para no reducir el guión y poder filmarla como queríamos. En lo personal, considero que Karnawal es una película expresiva, que te sumerge en un viaje iniciático de un adolescente del norte de Argentina, donde pasa realmente de todo en muchos lugares distintos. Eso tuvo su costo en todos los sentidos. Por suerte, creo que tanto yo como los productores tuvimos la paciencia de esperar que el proyecto madure y tengamos todos los recursos necesarios para filmarla como siempre la habíamos soñado. Creo que saber esperar fue la clave para sentir que el proceso de hacer Karnawal fue una experiencia muy gratificante.

Martín López, protagonista del filme

—He leído de tu relación con el baile, ¿cuánto tiene que ver lo que contás con tu experiencia vital?
—La danza es un tema que me interesa y me atraviesa desde que soy muy pequeño. Siendo muy joven bailé distintos tipos de danzas y participé de muchas competencias de baile, como lo hace el protagonista en la película. La pasión por la danza es el principal motor de esta película y es por eso que no elegí a un actor para el rol protagónico, sino que elegí a un verdadero y apasionado campeón nacional de Malambo. Para ejemplificar la relación que tiene la danza te voy a contar una anécdota de la filmación: hay una escena de la película que me gusta mucho y es cuando Cabra, el protagonista, llega a su cuarto y se para frente a un espejo para practicar sus pasos de baile. Eso es lo mismo que yo hacía en mi cuarto cuando era pequeño. Cuando armamos el decorado de esta habitación con Dani Vilela, la directora de arte, (Bacurau, Zama) una de mis principales obsesiones era poder ubicar el espejo de la misma manera que yo lo tenía ubicado en mi cuarto cuando era chico. Recuerdo que unos días antes de rodar, fui con el protagonista a la locación donde se filmaba la escena de la habitación y le dije: “Esta es la habitación de Cabra, o sea que ahora es tu habitación. ¿Qué decís?”. Él enseguida se paró frente al espejo y se puso a bailar sin parar, de la misma manera que yo lo hacía cuando era chico. Fue un momento muy lindo donde se mezcló la ficción con mi propio pasado. Luego él frenó, me miró con un gesto de aprobación, y sin dudarlo se tiró en la cama a descansar como si aquel decorado fuera su cuarto. Creo que más allá de que lo que se cuenta en la película es pura ficción, este tipo de impulsos creativos, casi irracionales, son los que crean un puente entre la película y cosas que pueden tener que ver con mi propio pasado de bailarín.

 
Ciertos impulsos creativos, casi irracionales, crean un puente entre la película y las cosas"

—¿Cómo fue la selección de los actores que ocuparían los roles? ¿Tenías alguno ya en mente cuando escribías?
—Desde que escribí esta historia, tuve la certeza de que el joven protagonista, tenía que ser un genio del baile que luego convertiríamos en actor. Tenía la intuición de que poner un bailarín real frente a la cámara exaltaría el grado de emoción y verdad de la película. Encontrarlo no fue tarea fácil porque tuvimos que recorrer las competencias de malambo de todo el país y esto nos llevó casi dos años. Luego de hacer casting a más de 300 bailarines profesionales encontramos a Martín López Lacci (campeón nacional de malambo) y fue una revelación, enseguida supimos que era él. Una vez que lo encontramos, le hicimos un entrenamiento actoral durante un año con la reconocida coach María Laura Berch. Meses después de elegir a Martín, tuvimos la posibilidad de invitar a Alfredo Castro, Mónica Lairana y Diego Cremonesi a participar del proyecto y completar el elenco. Cuando ellos aceptaron la invitación fue realmente una alegría inmensa y un gran equipo de trabajo. En el caso de Alfredo, fue increíble su incorporación al proyecto, porque desde las primeras versiones de guión yo quería que quien interprete al personaje de el Corto, el padre de Cabra, sea un tipo forastero de la región andina del norte argentino. Quería un tipo blanco, un poco extraño, un desarraigado que se contraponga al deseo de Cabra y su pasión por un baile tan tradicional. Recuerdo que en uno de los ensayos le dije a Alfredo que para mí el personaje de el Corto era un “colonizador”, un tipo que en la película no solo mantiene una distancia emocional con su hijo y su ex pareja, sino que también mantiene una diferencia cultural muy fuerte con la región donde ellos viven.

Parte de la historia se cuenta también con los lugares, ¿cómo fue esa elección?¿Y la filmación? (los lugares son increíbles; y cómo te metes en ellos un prodigio)
—Algo que me parece interesante con respecto a este tema es que jamás pensé en los lugares donde transcurre esta historia como locaciones o paisajes bellos para mostrar. A pesar de que la Quebrada de Humahuaca, la Puna andina y las Yungas jujeñas son lugares fantásticos e increíbles, con el director de fotografía, Ramiro Civita (El invierno, El abrazo partido), siempre nos concentramos en que los personajes atravesasen esos espacios con total naturalidad y sin el peso de tener que encuadrar por el simple hecho de que teníamos un plano bello y compuesto frente a nuestros ojos. Creo que sacarnos esa mochila, ya desde las primeras lecturas de guion, fue lo que permitió que las locaciones realmente respiren y, en muchos casos, logren captarla atmósfera de lo que estaba pasando en los lugares casi de manera documental. También creo que es por eso que en muchos momentos de la película los lugares terminan contando y respirando como vos decís. De hecho, te cuento que para lograr algunos climas de la película, hemos rodado algunas escenas hasta con dos años de diferencia. En el caso del personaje de Cabra, tuvimos que confeccionar su vestuario un año y medio antes de la filmación, ya que algunos planos y escenas específicas que aparecen en la película durante el carnaval fueron rodadas exactamente un año antes para encontrar la atmósfera justa que buscábamos.

Alfredo Castro, Karnawal

—¿Cuál es tu relación con los lugares donde sucede la acción?
—Yo no soy de Jujuy, pero la Quebrada de Humahuaca es una región del país que desde joven me ha conquistado muy fuertemente. Cuando era adolescente fui de viaje con un amigo y pasé toda una temporada de verano en la Quebrada. Fue un viaje alucinante y donde experimenté mi propio “coming of age”. Después de ese viaje no volví a ser el mismo. Con el correr del tiempo, y por temas laborales, tuve que rodar muchas cosas en la provincia y conocí infinidad de personas y pueblos. Tuve la oportunidad de dirigir tres series de televisión en Jujuy y una de ellas justamente se trataba de jóvenes bailarines de folklore por el norte de Argentina. Creo que de ahí viene la mayor motivación y la relación con esta historia que ahora cuento.

Después de viajar a la Quebrada de Huamahuaca no volví a ser el mismo"

—Veo que has hablado de road movie (que lo es), pero también hay mucho de western (las armas, la frontera, la manera de abordar el conflicto), de coming of age, thriller y drama familiar, por no seguir enumerando. Las etiquetas son odiosas, pero ¿cómo pensaste la estructura narrativa?
—Que difícil la pregunta, justamente porque también me cuesta mucho poder definir la película. Ahora que pasó el tiempo y me despego cada vez más de la estructura narrativa que construí en el libro, puedo ver con mayor claridad que la película es un drama familiar con la fusión de distintos géneros cinematográficos. Creo que en cada secuencia la película va mutando de género como si tuviera vida propia, y eso hace que se me dificulte ponerla en un solo casillero. A veces me pregunto, si todavía existieran los videoclubes, en qué sección la pondrían. De hecho, creo que todos estos géneros pueden convivir en la misma película (más allá de los gustos personales de quien la ve), porque la estructura narrativa está anclada y sostenida por las motivaciones de los personajes. Son ellos los que avanzan en la trama con mucha decisión y las herramientas narrativas van por detrás, acompañando estas decisiones. Puede ser que algún espectador se sienta un poco extrañado con estos cambios a medida que avanza el relato, pero yo creo que embarcarme en esta fusión de géneros para contar esta historia ha sido un gran desafío y finalmente una virtud para la película. Me atrevo a decir que es algo distinto, algo quizás más personal que no intenta caer en una fórmula asegurada.

"Lo que le pasa a Cabra define la película como un 'coming of age"

—Algo que me atravesó totalmente (perdón si es algo lateral) es esa idea de que un chico no maneja sus tiempos; que las prioridades las ponen otros. Me parece central en el tempo de la película (el suspenso parece estar más marcado por eso que por la acción, que no deja de ser importante), ¿lo sentís así, lo pensaste así?
—Me gusta mucho que hayas notado este detalle y estoy totalmente de acuerdo con vos, porque eso sí fue una cosa que trabajé mucho en el guión. Son varios los momentos de la película donde los protagonistas tienen que tomar decisiones como familia y no como individuos. Y es ahí donde Cabra, por ser el hijo de esa familia, queda atado a las decisiones de los adultos. Decisiones que muchas veces no son las mejores. Creo que esto que le pasa a Cabra es justamente lo que define a la película como un “coming of age”. La dureza de adolecer tiene que ver con esto. No ser lo suficientemente adulto para tomar tus propias decisiones y tampoco ser lo suficientemente niño para fumarte cualquier cosa. Creo que esa angustia acumulada de CABRA por no poder tomar sus propias decisiones es lo que lo transforma en un adolescente en ebullición y lo que marca ese tempo constante, del cual vos me hablás, que termina explotando hacia el final.