De tanto buscar películas porno o eróticas para comentar aquí, uno se vuelve casi un gourmet. Pasa un poco, en realidad, con cualquier cosa en la que uno se especialice. Soy crítico de cine, y lo que antes era mi placer (las películas que elegía ver) hoy es mi profesión: ya no elijo qué ver sino que veo todo lo que puedo, semana a semana, para escribir sobre eso. Cuando comencé con esta columna, que ha tocado y tocará otros aspectos de la relación cine-sexo, las películas eróticas y el porno parecían algo a descubrir y hoy, diez años más tarde, ya no sucede lo mismo. Es difícil encontrar algo que realmente valga la pena ver; mucho más difícil, además, es encontrar algo sobre lo que valga la pena escribir. Pero a veces, de tanto buscar, se hace la luz y aparece el milagro. Ese milagro, esta semana, se llama Vampyres, película de 1974 realizada por Joseph (José en realidad) Larraz, español en Gran Bretaña, que probablemente sea el filme definitivo de vampiras lesbianas.

Primero, un poco de historia. Desde que la compañía inglesa Hammer redescubrió el horror y comenzó a combinar los monstruos clásicos con el color y el erotismo (los Drácula protagonizados por Christopher Lee y Peter Cushing, por poner el ejemplo más nototio), aunados con el espíritu transgresor de los sesenta y el Swingin London, el vampirismo recuperó el sexo. Y así fue como apareció La hija de Drácula (en realidad una adaptación de un relato anterior a la novela de Bram Stoker, el clásico Carmilla de Sheridan LeFanu) y comenzó el breve e intenso subgénero de vampiras lesbianas. La película más conocida, por cierto, es Vampiros Lesbos, de Jess Franco, uno de cuyos temas musicales ("Vampiros Lesbos", claro) se escucha en la banda de sonido de Jackie Brown, de Quentin Tarantino, alguien que conoce perfectamente ese cine. Pero en realidad la mejor película, la que lo tiene todo y mucho más, es Vampyres, donde las debutantes Anulka y Marianne Morris son dos rubias -una más madura, otra más joven- esculturales que se aman absolutamente y que extraen su fuerza y su constante juventud de la sangre de sus víctimas. Pero esto es la situación de base. La película es mucho, muchísimo más. La primera secuencia, antes de los títulos, pinta el tono: las dos mujeres en la cama, desnudas, besándose. Un hombre cuyo rostro no vemos entra a la habitación y dispara con una pistola haciendo saltar ríos de sangre. Todo es absolutamente seco, como sucedería en la realidad, sin ninguna estilización. Los cuerpos terminan ahí, tendidos y entonces vemos un montón de murciélagos surcando la pantalla negra (murciélagos reales: esa toma es bien difícil de hacer) mientras pasan los títulos.

Primero lo primero: salvo una vieja mansión que es más casa que castillo, con oscuridades y lujos antiguos, no hay prácticamente nada de lugar común. Estas vampiras no duermen en ataúdes, se reflejan en espejos, no tienen problemas con comer algo a la provenzal, no reaccionan con alergia a las cruces ni se transforman en murciélagos -los que aparecen en los títulos son, más bien, una metáfora. No, son dos mujeres que parecen normales. Salvo cuando una de ellas "caza" señores que luego ambas desangran con una pasión que se ha visto poco antes y después en el cine. Es prácticamente animal todo -y las secuencias de sexo, también: no hay estilización sino algo muy visceral, incluso si tenemos en cuenta que no es una película porno sino erótica, en el mejor de los casos. El crimen y la sangre las excitan y las lleva al sexo entre ellas. Y además parece más bien una enfermedad antes que un vicio, algo que no pueden evitar porque está en su naturaleza. El costado feliz es el amor sexual entre ellas; el infeliz, el crimen inevitable, siempre consumado a partir del placer erótico.

Dicho de otra manera: Vampyres parece influida por las primeras películas de David Cronenberg (apenas anteriores y también gozosamente animales) donde el sexo es algo que se desata y corroe la sociedad de un modo que el realizador festeja más que condena. El suspenso existe, por cierto, pero no es tan sustancial como la tensión dentro de cada plano. En ocasiones, la actuación desatada de las protagonistas lleva todo al campo del melodrama más extremo. De hecho, deberíamos pensar que se trata de un melodrama antes que de una película de horror con una fuerte componente sexual. Funciona mucho mejor de esa manera, aunque dado que está muy bien filmada y no evita llevar al extremo las situaciones que opta por narrar, también hay ahí un punto de atracción que la coloca en la misma frecuencia de onda que la mayoría del cine estadounidense de aquellos años, desesperado por mostrar la enfermedad y la represión detrás de la resquebrajada normalidad del mundo de entonces.

Pero hay algo más. El guión de la película fue escrito por Larraz, pero en colaboración con su esposa D. Daubeney que es, además, la autora de la idea original, aunque figura como única guionista. Es importante ese punto porque el filme está absolutamente declinado en femenino. Desde la manera como las mujeres seducen y llevan adelante el sexo hasta la fuerza de sus protagonistas, que en todo momento sostienen las riendas de las situaciones y, por ende, del relato. Hay algo primitivo, atávico, en el modo en que estas dos vampiras logran conseguir lo que necesitan, gozar de su amor y seguir adelante a pesar de las adversidades que tiene mucho de ligazón con la naturaleza, de la religión tradicional y matriarcal. De hecho, Vampyres también puede verse de esa manera: las mujeres como depositarias de una sabiduría arcana, de una magia que el mundo de los hombres ha rechazado hoy y que no tiene más remedio que aparecer de manera terrible y sangrienta tras milenios de represión. De todas las relaciones que muestra el filme, la de las dos protagonistas es la única que está filmada para generar empatía y hasta simpatía por parte del espectador. Aunque nos intriga lo que sucede con ese hombre que poco a poco ve lastimaduras en su cuerpo, nos persigue más la idea de que puedan descubrirlas e ir tras ellas, como si el mundo fuera mejor si existieran personajes así, totalmente mágicos, aun como el reverso pervertido de las hadas. Vampyres, dicho sea de paso, se encuentra en Eroticage.net en buena copia para ver on line. Y no se preocupe si no sabe inglés: se entiende perfectamente: ese es otro de sus méritos cinematográficos.

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