La película más taquillera en lo que va de 2021, a nivel global, es Sin tiempo para morir, la última entrega de la saga de James Bond, que logró el pasado fin de semana una recaudación neta de 773 millones de dólares. Sin embargo, esta cifra sería insuficiente para cubrir los costos y hacer alguna ganancia. El presupuesto de producción fue de 250 millones, se estiman más de 100 millones en publicidad y varias decenas más por los sucesivos retrasos debidos a la epidemia de Covid-19. En Variety, algunas fuentes que no se identifican prevén que debería recaudar por lo menos 900 millones de dólares para llegar a números negros.

MGM, la casa productora, niega esta información. Aclaran que no solo es la película más vista en la era post-pandemia, sino que los ingresos derivados del on demand (pago) mientras aún continúa en salas producirán beneficios a la empresa. Una cuestión importante es que el filme es un éxito incluso si su target (adultos) sigue siendo reacio para acudir a las salas.

No es el único "tanque exitoso" que terminaría con números rojos. Incluso películas que han funcionado muy bien (los Marvel Shang Chi y Eternals, o Tenet, de Christopher Nolan, que se estrenó en octubre de 2020) van a terminar con pérdidas netas. Aunque el peor de todos los filmes, proporcionalmente -según Variety- fue El último duelo, que costó más de 100 millones de dólares y recaudó poco más de 27.

Lo que es claro es que muy pocas películas hacen dinero hoy en las salas de cine y que el estreno simultáneo (pago o no) en plataformas es todavía algo difuso. Lo más importante: las películas que sí hicieron dinero fueron las de género y bajo presupuesto, como algún título de terror. Halloween Kills, por ejemplo, cuyo presupuesto de alrededor de 50 millones de dólares quedó completamente cubierto -y dio ganancias. La pandemia, pues, aceleró la idea de que el negocio al "tanque" es altamente riesgoso: pone todo el sistema a reposar en un par de títulos cuyo fracaso es complicado tanto para los productores como, especialmente, para las salas.

La pregunta concreta es qué pasará en 2022, cuando el público aprenda a convivir con el Covid, y si el público más adulto volverá a los cines. Los más jóvenes lo hacen, pero no alcanza con eso. Y el tipo de espectáculo que prefieren es demasiado caro como para que lo solvente solo ese escalón demográfico. Los números demuestran que la crisis del audiovisual es real.

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