Entre todas las películas de Steven Spielberg, acusado en general de hacer llorar al público (con razón y con perfecto uso de sus facultades fílmicas), A.I. es la que gana por mucho el juego de las lágrimas. Claro que, además, es una gran película: la historia de un robot igual a un niño humano que, inspirado por Pinocho, quiere ser "de verdad" y que su mamá (humana) lo acepte y se quede con él. Pero ese esquema le sirve a Spielberg para meditar, a pura aventura, sobre la pérdida, el paso del tiempo, la manipulación y ese fenómeno llamado "cine" al que considera casi toda su vida. Hay muchas citas a otras de sus películas, pero siempre tomadas con ironía, a veces incluso invirtiendo al original (la luna de E.T., por ejemplo). La actuación de Haley Joel Osment como ese pequeño e inocente a la fuerza niño artificial rompe el corazón de cualquiera. Poquísimos filmes se graban tan fuerte en la memoria. Disponible en Netflix.