Probablemente el lector piense que no es demasiado sano buscar temas y películas pornográficos semana a semana para crear estas columnas. Bueno, más o menos. porque el porno tiene una enorme cualidad que hace que sea divertido e ilustrativo hablar de él. Por ser un cine marginal y, en general, realizado con bajísimo presupuesto, saca provecho como puede de la escasez y pueden verse en él, de manera transparente, las taras y los aciertos de todo el resto del cine. Se habrán dado cuenta de que hemos usado el porno para hablar de muchas cosas diferentes aquí (y lo vamos a seguir haciendo). El valor que tiene -para mí, personalmente- es que me obliga a dejar de ver el sexo en cada película para ponerme a pensar en por qué es como es y qué significa eso que veo. Es un ejercicio interesante para todo amante del cine: tomar distancia de la trama, los personajes o las emociones que genera lo que uno ve y tratar de entender su ingeniería. Aparecen otras bellezas, otros aciertos y, también, otros horrores.

El porno, realizado siempre en los márgenes, permite ver mejor las taras y los aciertos del cine en general

Justamente, hoy vamos a hablar del horror. Pero no del cine de horror o de la cruza -poco explotada en realidad- del porno y el horror, sino del horror que produce que cierta película exista. Definamos: una cosa es el terror, que significa miedo extremo a ver algo. Otra, el horror, que es la repulsión absoluta por lo que ya vimos. El Exorcista es una película de terror hasta, justamente, el exorcismo, que es puro horror. Pues bien: dando vueltas por la web, descubrí la que todo el mundo considera la Peor Película Porno de la Historia, lo que casi equivale decir La Peor Película De La Historia a secas. Se llama Bat Pussy, se puede encontrar en servidores porno gratuitos (la vi en Pornhub, quizás aparezca en otros) y dura cincuenta minutos. Elijan: o sacian su morbosa curiosidad o no. Si deciden lo primero, no me acusen de hacerles perder casi una hora de sus vidas. Yo avisé, solo aclaro que lo que diga aquí solo será una pálida descripción del horror.

Aparentemente esto se filmó en 1970, es decir unos años antes de la legalización del porno en los Estados Unidos. Es, para muchos, el primer ejemplo de parodia porno, dado que su objeto de burla es la serie (ya de por sí paródica, lo que representa un problema) Batman de 1966-1969, verdadera joya televisiva. Batman, la serie de Adam West, se había planeado como cómica, no "estaba mal hecha", y por eso participaban como villanos genios como Burgess Meredith, Otto Preminger, Anne Baxter, Vincent Price, Cliff Robertson o Cesar Romero. Y era también una serie bastante sexy: no era por casualidad el comportamiento de Julie Newmar (o Eartha Kitt) como Gatúbela. Pues bien, Bat Pussy no es cómica "porque debe serlo": está mal hecha. Y es menos sexy que un capítulo de Scooby Doo.

El film nunca se estrenó, se encontró en un desván en los años ochenta y lo publicó una empresa de video dedicada a rarezas de culto y bizarras, Something Weird. Con el tiempo, encontró un culto alrededor. La historia es la siguiente: una pareja trata de tener relaciones sexuales. Son, por lo demás, el hombre y la mujer menos atractivos de la historia del género. Y además él arrastra un pequeño problema técnico durante toda la película: carece de erección. Eso sí, hace denodados esfuerzos orales y digitales, digamos todo. Claro que hay que ser un humano bastante fácil a la hora de la excitación para encontrar algún incentivo en la señorita que le ha tocado. Pero es un filme igualitario: en circunstancias normales, ninguno de los dos produce algo parecido a la excitación.

Mientras esto sucede, del otro lado de la ciudad, Bat Pussy -que siente en sus genitales cuando se va a cometer un crimen, lo que la hace pariente tanto del murciélago como del Hombre Araña- percibe que en Ciudad Gótica se va a filmar una porno sin su participación y allí va. Aquí viene un momento surreal: viaja saltando en una pelota roja, y solo para para orinar y detener un intento de violación. Es bastante creativo el asunto, ojo; ¿a quién se le ocurriría tal Pussymóvil?

Volviendo a la pareja principal, él decide sacarle fotos al sexo de ella para hacerse ricos vendiéndolas (pobre iluso, no es precisamente El origen del mundo, de Courbet, cuadro al que quizás le dediquemos una columna) por ahí. Y llega entonces Bat Pussy para participar de un trío. Sabemos que la mayoría de los hombres heterosexuales tiene como fantasía tener en la cama a dos mujeres. Sí, sí, usted también, no vamos a decir nada, no se preocupe. Pero si siente vergüenza o quiere deshacerse de tal fantasía, le recomendamos ver este trío nada dinámico. Hay momentos donde uno siente pavor: él trata de darle sexo oral a una de las ellas, que de tanto moverse empieza a caer de cabeza de la cama. El miedo a ver cómo un ser humano se desnuca en vivo mantiene nuestra atención. Por otro lado, el filme se realizó con una (in)capacidad tecnológica digna de peores causas. El fotograma que ilustra este texto es prueba de la calidad (?) de la imagen. Hoy, cuando la educación sexual es un tema candente, quizás sea bueno que los colegios religiosos tengan una copia de Bat Pussy para ver y discutir en clase: es improbable que alguien quiera tener sexo después de ver lo que parece en esta película. Es un método anticonceptivo de una efectividad casi absoluta.

Pero vamos a la lección de cine. La película está mal hecha por varias razones: en principio, no sabe cómo filmar a sus protagonistas para que ejerzan cierto atractivo (es el cómo, y no el qué del encuadre lo que le da sentido). Carece de continuidad -es decir, no sabemos por qué y de qué cosa anterior pasa lo que pasa en la pantalla. Sus diálogos son incomprensibles y no hay edición alguna en lo que debería ser central, el sexo. Pero se aprende mucho: si quiere hacer una película y duda, haga exactamente lo contrario de lo que se ve aquí.