Todos los años, la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos elige 25 películas para ingresar en el National Film Registry, el archivo nacional histórico del cine en ese país. Son los filmes que se consideran sustanciales para la historia en general y la del cine en particular, y que son objeto de restauración y preservación. Este año, varios clásicos importantes logran ingresar en la lista, entre ellas Duro de Matar, Titanic, El Campo de los Sueños, Superman (1978), Los Goonies, Memento, Dumbo, Sólo los ángeles tienen alas y Espartaco. Pero en la selección ciertas tendencias sociales.

Aparecen las minorías, por ejemplo. Películas como La Bamba, quizás el mayor éxito -junto con la no estrenada en Argentina Selena- del "cine chicano", sobre la historia del cantante de rock Ritchie Valens, muerto en el mismo accidente de avión que acabó con la vida de Buddy Holly. O Wanda, una enorme pieza neorrealista estadounidense de 1971 dirigida por Barbara Loden, un estudio sobre una mujer que abandona a su familia para intentar una vida plena, rodada sin artificios. Hay un clásico sobre el antisemitismo -La luz es para todos, de Elia Kazan- y varios sobre el racismo: To sleep with anger, de Charles Burnett, uno de los grandes directores negros de EE.UU., que filma a una familia en disolución desde su intimidad; 4 little girls, monumental documento de Spike Lee sobre un múltiple crimen de odio en el sur de Estados Unidos, y la comedia clásica Adivina quién viene a cenar, sobre una pareja blanca (Katharine Hepburn y Spencer Tracy) que descubren que el novio de su hija es afroamericano (Sidney Potier). Más un documental sobre los derechos civiles, Time and Dream. La proporción es un poco rara respecto de estas temáticas.

Hay filmes de archivo (Subway Interior NYC, de 1905), un gran Lon Chaney en el primer melodrama de la MGM (He who gets slapped) películas familiares (la colección de la familia Fuentes entre 1920 y 1930), un drama realizado en plena calle con actores no profesionales (Boulevard Nights) y varios independientes como Live of Performers. Y se gana un lugar The sinking of the Lusitania, pieza animada de 1918 a cargo de Windsor McCay que reproduce el célebre naufragio del transatlántico bombardeado por un submarino alemán en 1914. Ese filme fue mirado muchas veces por James Cameron para hacer Titanic y se usó para llevar a EE.UU., entonces neutral, a la Primera Guerra Mundial. Una selección altamente política, sin dudas.

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