Los rumores -crecientes- de que Disney está en conversaciones para comprar Fox alteraron a los ansiosos seguidores de las películas de superhéroes, lo que es lógico pero apenas la punta del iceberg. En efecto: Disney tiene hoy Marvel Studios, la empresa que realiza las películas de Los Vengadores y Guardianes de la Galaxia. Pero hace mucho tiempo, Marvel licenció para cine algunos personajes centrales en ese universo de historietas a Fox (los X-Men, Deadpool y Los 4 Fantásticos), lo que hizo imposible crear en la pantalla grande un mundo como el de las historietas, que entrecruza todo. Si Disney compra Fox, eso sería posible. Pero aunque eso implique un negocio de miles de millones de dó- lares, no es la verdadera razón por la que esta compra alteraría definitivamente el universo de los contenidos.

En un artículo de Variety, se analiza el siguiente panorama. El conglomerado Fox creado por Rupert Murdoch es el último gran monstruo de las comunicaciones tradicionales, y no está realmente en condiciones de competir en un ecosistema dominado por el streaming. Especialmente cuando empresas como Amazon, Netflix, Apple o Facebook, de enormes recursos, ingresan en el negocio de los contenidos. Por otro lado, Disney espera lanzar su propio sistema de streaming on demand cuando termine su contrato con Netflix, en 2019. Y necesita contenidos. Tener la biblioteca de Fox más los contenidos que produce la firma para sus canales de cable (las señales FX o las de National Geographic, por ejemplo). Lo que viene es la guerra por los contenidos exclusivos y esa es la verdadera razón detrás de las intenciones de Disney.

Si la compra se realiza, se incrementará la concentración en el negocio audiovisual. La cuestión es que además los servicios se vuelven globales, lo que plantea un enorme desafío a competidores locales. Rápidamente, lo que parecía como un campo de libertad y crecimiento para empresas chicas, lo que parecía ser una ventana amplia para muchos jugadores, se está transformando en lo mismo que fue el Hollywood de los estudios, salvo que con muchísimo más poder.

Otra de las preguntas, aún sin respuesta, es qué sucederá con las empresas de SVOD exclusivo (Netflix, por ejemplo) cuando los gigantes del audiovisual ingresen en su terreno de juego. Y, sobre todo, qué pasará con los precios de los contenidos, que hoy sufren una inflación desmesurada basada en la necesidad de exclusividad que tienen los operadores para darle valor a sus servicios. Un ecosistema en pocas manos parece dejarles poco margen: sólo producir sus propio material, con el riesgo que implica.