MK2, la famosa compañía distribuidora y productora de cine de arte europeo con base en Francia y fundada -de allí su nombre- por el productor Marin Karmitz, avanza en el proyecto de volverse el primer distribuidor mundial de experiencias, producciones y entornos de realidad virtual. Es decir, además de vender películas, se dedica a vender equipos VR de fácil instalación para cines, museos e instituciones. El MK2 VR Pod tiene la ventaja de la sencillez y el funcionamiento rápido, y ya se tiene como compradores a exhibidores importantes como el danés Nordisk, el brasileño Arvore y diversas instituciones de Europa.

Uno de los mayores problemas del entorno VR consiste, justamente, en la complejidad de equipos y el costo de instalación (más allá de la producción de contenidos). Pero al mismo tiempo, sucede que los cines viven una deserción constante salvo para lo que implica el gran espectáculo inmersivo. Por eso es que varias empresas consideran una posibilildad mayúscula el entorno de realidad virtual, algo en lo que algunos cineastas -como se demostró en el último Festival de Venecia, con realizaciones para el formato de realizadores como el tailandés Apitchapong Weerasethakul- puede ser una solución para atraer mayor cantidad de públlico, incluso si estos equipos permiten que solo uno pueda portarlos cada vez.

Puede resultar raro que una empresa dedicada al cine de arte como MK2 -en su bibloteca aparece gran parte de la producción de Claude Chabrol y películas de canonizados recientes como el canadiense Xavier Dolan, alejadísimos del cine de gran espectáculo- entre con pie fuerte en un negocio que es todo lo contrario. La realidad es simple: todo cine que no sea el blockbuster de franquicia manejado por una major pierde espacio en las salas de exhibición en todo el mundo. Por lo tanto, no es una jugada del todo ilógica una "mutación" hacia un formato donde se puede aún ser pionero y ganar un espacio antes que la competencia.

Por el momento, la compañía se dispone a vender los equipos, aunque tiene tratos cerrados con diversos productores de contenidos para el formato, lo que implica que además se transformará en distribuidor de experiencias de VR además de ser el proveedor de los equipos. Por supuesto, luego habrá otra guerra: la de las compatibilidades y exclusividades. Si otro fabricante dispone de un equipo mejor y no compatible con los contenidos de MK2 -algo que ha sucedido a lo largo de la historia tecnológica del siglo XX y del XXI: recuerden la puja VHS-Betamax- comenzará una guerra de estándares, de allí que sea importante ser el primero. De todos modos, ese momento parece, hoy, lejano: primero el formato debería tomar aceptación universal y ser una alternativa viable para el negocio, lo que no está para nada claro.